martes, 7 de abril de 2009

Hombre de costumbres

Acostumbrado a comentar siempre con Alison Melisa sobre las costumbres que nos atan, he decidido escribir este post. Sobre esas costumbres malditas que a veces nos encasillan, que no nos dejan seguir adelante, que se nos pegan como una telaraña.
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Esas costumbres que no te permiten salir del abismo y que, aunque trates, siempre te perseguirán. Las malas y buenas. Las que odias y las que amas. A pesar de que no lo admitas. Digamos ejemplos.
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Acostumbrado a ver la hora en el reloj sin pilas de mi cuarto, siempre creo que son las 11 y 20.
Acostumbrado a escribir usualmente ebrio, ya no puedo escribir sin estarlo. Acostumbrado a entrar siempre al Messenger, me es difícil dejarlo, aunque a veces no es grato conmigo.
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Por costumbre, siempre dejo para el último lo que pude hacer antes y hoy ando atrasado con todo. Acostumbrado a dejar que las cosas fluyan por sí solas, me olvidé de tomar la iniciativa. Acostumbrado a siempre ver el mismo rostro en todas partes, olvidé de ver más allá de él.
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La costumbre hizo que no dejara atrás cosas que aún me pesan y cargo sobre los hombros.
Acostumbrado a equivocarme, olvidé pensar bien las cosas antes de hacerlas. Acostumbrado a pisar siempre tierra firme, no me fijé en los hoyos que se presentaron en el camino.
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Me acostumbré a pensar que no todo era posible y olvidé la magia de las posibilidades. Y del infortunio. Y de las cosas pasajeras que a veces resultan impredecibles. Acostumbrado a preocuparme en mis problemas, dejé que estos les jodieran a otros. Acostumbado a mirarme al espejo, no recordé observar lo que había detrás.

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Por la bendita costumbre caminaba a oscuras a la mitad del día. Y por la vida. Acostumbrado a jugar a las escondidas, dejé de buscarme. Acostumbrado a que todo llegara por su propio peso, olvidé salir a buscar lo que quiero. Acostumbrado a caer me olvidé de levantarme. Y seguir adelante.
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Por la costumbre de volar en los sueños, olvidé vivir la realidad. Acostumbado a renegar de la vida, he olvidado a apreciarla. Acostumbrado a ver el panorama, me olvidé de fijarme en los detalles.
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Vivo con la costumbre de dormir con los ojos abiertos durante el día y por eso ya no me es fácil conciliar el sueño por la noche. Acostumbrado a la costumbre dejé pasar muchas oportunidades de las que hoy me arrepiento. Pero bueno, este es un post de costumbres y no de arrepentimientos.
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Acostumbrado a la mala suerte, me resingné a ella. Y a vivir a su lado. Acostumbrado a estar 'bien', olvidé sentirme Mejor que bien. Con el recuerdo de los recuerdos, dejé de ver el presente. Caigo y cuelgo.
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Acostumbrado a dejar un video musical después de cada post, dejo este video, nunca más apropiado (Pd.- Por siaca, la canción empieza a los 0:56) (Pd2.-Alison, sorry. Sé que no te gusta esa cancíón).
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