jueves, 20 de noviembre de 2008

Confesiones de un salado I

Como ayer oí hasta el cansancio, de nada sirve arrepentise. Y como comentó el cófrade José Luis acerca del post anterior, faltan sesiones de terapia. Debo estar tranquilo. Así que hoy, nuevamente, utilizaré esta bitácora para un desfogue personal. No pienso calatearme más emocionalmente, así que me desprederé de esas cosas baladíes que la web pueda conocer y que probablemente nadie sepa sobre mí. Confesiones que no le interesan a nadie, pero que me pesan y que seguramente coinciden con algunas preocupaciones o temas de vida de alguno de los cinco gatos que leen mi blog. He aquí una pequeña relación de estos ítems:
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Confieso hoy que no sé manejar bicicleta.
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Que tengo una prenda rosada en mi armario (no diré qué prenda).
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Que a veces prefiero la Inca Kola sobre la Coca Cola, pero en verdad sucumbo ante una Sprite.
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Que me encanta ver American Idol. Río, lloró, sufro con los resultados... y cuando no estoy en casa lo grabo... sí, lo grabo!
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Ya que estamos en eso, confieso que, no sé por qué, siempre veo realitys... Vi el Gran Hermano, la Casa de Gisela, Top Chef, American's Next Top model, Bailando por un sueño (la versión mexicana)... pero detesto Latin American Idol...
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Que dormí con peluches hasta los 14 años.
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Que cada vez que uso gorra no es por look sino porque odio peinarme.
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Cuando me preguntan la hora, nunca digo la verdad. Siempre le agrego o le quito un par de minutos a la hora que tengo en realidad.
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Hablando de la verdad... nunca digo toda la verdad... siempre espero un poco y la suelto de un momento a otro en todo su esplendor para generar sorpresa...
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A veces me tomo una cerveza solo en mi cuarto, solo porque se me antoja, sin ningún motivo...
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Que hace años lloraba cada vez que mi 'U' querida perdía.
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Que una vez recé arrodillado para que Perú hiciera un gol...
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Que estuve templado de la misma chica unos... aproximadamente 6 años.
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Que a veces finjo conversaciones por mi celular cuando siento la necesidad de decir algo... lo he hecho en algún centro comercial, en cualquier calle, en la universidad. A veces siento ser mi mejor oyente.
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Lloraba cada vez que veía Vale la pena soñar.
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Que desde los 8 años hasta los 17 no lloré jamás. Pero desde que lloré por primera vez en esos 9 años de abstinecia, no he podido cerrar esa puerta. He llorado con las películas más alentadoras del mundo y con series como Scrubs, Friends, Mad about you, Everyboy loves Raymond, con Seinfield.... con Seinfield pes!!! hay que ser pendejo...
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Confieso que antes de escribir algún trabajo especialmente difícil, fumo.
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Que antes de escribir en este blog, bebo. Sigo lo que una vez mi profesor de Periodismo Especializado dijo acerca de algún tipo, seguramente importante para el Periodismo, pero cuyo nombre no recuerdo. Su secreto era escribir borracho, corregir sobrio y volver a corregir borracho. No diré que siempre escribo borracho (pues mi hígado y mi bolsillo me lo perdonarían), pero sí bebo por lo menos una lata de chela antes de hacerlo (entiéndase que luego viene otra para la corrección).
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Me chupo la plata de mi cuaderno cada sábado anterior al inicio del ciclo, es por eso que hace tres ciclos que no tengo cuaderno.
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Que cuando tengo pesadillas, si mi madre está en casa, aún voy a su cuarto y me abrazo a ella.
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Que nunca he besado a alguien de quien esté enamorado.
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Que me copiaba con la furia en Mate (en el cole, claro).
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Que todas las noches duermo con el televisor prendido. De otra forma, no puedo conciliar el sueño.
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Que prefiero ver televisión antes que hacer un trabajo. Sin embargo prefiero leer cualquier libro antes que ver tele. No obstante prefiero jugar fulbito antes que leer algún libro. Pero prefiero irme de juerga con mis amigos antes que pichaguear.
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Bailo todos los ritmos igual, no sé diferenciar entre Pilsen y Cristal, tampoco entre Hamilton y Pall Mall.
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A veces habló solo en mi cuarto. En ocasiones me despierto y me vuelvo amigo del techo.
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Hay ocasiones en que bebo agua del caño. O no me baño después de pelotear.
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Escucho la canción que me prometí no volver a escuchar. Sufro por lo mismo por lo que juré no sufrir más.
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A pesar de mi edad sigo haciendo bromas telefónicas. Soy irónico al dar las gracias. A veces me alucino Oliver y corro por mi casa gritando Gol (obviamente cuando no hay nadie).
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Odio la Navidad, Año Nuevo (este se salva ya que aunque sea bebo) y toda fiesta que conmemore algo. Sin embargo se acerca una fecha especial personal, así que al mal tiempo buena cara.
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Una gran canción, con una letra genial. Before you were young, canción de travis presente en el concierto en Lima
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sábado, 8 de noviembre de 2008

Terapia

Hoy necesito terapia. Desfogar esas patrañas y esforzarme por creer que nada en realidad ha sucedido. Que nunca crucé ninguna puerta, que nunca prendí aquel cigarro, que nunca destapé esa cerveza.

Que jamás hice aquella llamada, que jamás caminé por esa vereda, que jamás tuve esa oportunidad, que jamás conversé con esa persona.

Hoy tengo que explayarme. Satisfacer la necesidad de decir algo, dejar de lado esa teoría y escribir como antes. Reivindicar mi espíritu, indemnizar mi alma, conjurar esos pensamientos. Evitar mirar siempre el mismo camino.

Convencerme que sí puedo. Esfumar esas dudas. Olvidar cuando la realidad se burló de mi valor. Aclarar mi mar negro.

Sin embargo, también me urge recordar. Recordar el momento en que tropecé. El instante en que encontré esa pista que me guió.

Inmortalizar EL momento aquel, estampar para siempre ESA imagen en mi memoria. Hoy me gustaría recordar AQUELLA época.

Creer que no debí haber huido cuando tuve una oportunidad. Parecer otro, pero ser el mismo. Volver a sentir, comenzar de nuevo.

Hoy necesito olvidar. Que nunca escribí esa carta, que jamás morí en unos labios. Que tal vez no pueda leer esos ojos, que al caer no me molesté en levantarme.

Olvidar la moral que me ata. Desmenuzar las hileras de mi vida. Dejar de lado lo que me hizo llorar. Reflexionar acerca de lo que me hizo reír. Darle otra perspectiva a mis inquietudes. Beber de nuevo de mi propia medicina.

Que no dejé caer mis brazos, que jamás interrumpí ese sueño, que nunca dejé ir a alguien de mi lado. Que no lancé esa moneda al aire, que jamás recogí ese recuerdo, ni rescaté la única mirada que me brindaron.

Pero esto no es sobre lo que debo o necesito, sino sobre lo que quiero.

Hoy quiero SER de nuevo. Ver otra vez esa sonrisa, volver a caer en ese espasmo. Volver a perderme en esas lagunas pardas. Sentir que vuelo con los ojos cerrados. Terminar de escribir mi historia.
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Quiero llenar de nuevo mi vaso, cargar nuevamente mi cruz, gritar ‘salud’ al viento, prender una vez más el encendedor, amortiguar la dura caída en ese recuerdo malherido.

Que el ánimo recupere fuerzas, que el optimismo renazca. Revivir esos momentos, acariciar esa mano de nuevo, ilusionarme como ayer. Sentirme importante por un momento. No caer en ese estado (otra vez).
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Hoy quiero olvidar que me arrepentí y quiero no volver a arrepentirme.
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Gran vídeo. Quiero reírme de esto pero no puedo. A los 39. Inspirado en este otro gran vídeo.