martes 2 de junio de 2009

Confesiones de un salado II

Ya no puede uno ni hundirse en su miseria tranquilo. Cada vez que trato de desestresarme, algo me lo impide. He ahí la demora en la actualización de esta humilde y cada vez menos visitada bitácora. Debo confesar que esta entrada la comencé hace más o menos una semana y media. Cuando todo parecía derrumbarse, al mejor estilo de una canción de Arjona o Juan Gabriel, un pequeña luz tintineó al fondo del abismo. Así que hoy borré todo lo que tenía de la, nuevamente, melancólica entrada que había escrito, y decidí que los cinco, o tal vez seis o siete, gatos que leen mi blog se rían a costa mía (otra vez).

Así que, hablando de confesar otra vez, he aquí la segunda parte de una terapia iniciada hace algún tiempo. Sí, algunas confesiones son medias idiotas, pero ni tarado que fuera para poner cosas en verdad importantes en la traicionera Internet. Varias me ha hecho.

Que a veces soy vanidoso y vuelvo a leer mis propios posts. Que siempre encuentro errores en esos posts, pero no soy lo suficientemente vanidoso, sino más bien ocioso, para corregirlos.

Que le tengo miedo a los perros. Sobre todo cuando me ladran. Que solo a dos perros no les tengo miedo. Sin embargo, más miedo le tengo a los gatos. Nunca parpadean y siempre parecen que planean algo.


Que no me gusta la mantequilla. Pero sí todo lo derivado y preparado con ella.

Que sigo viendo American Idol y ahora sufro más con los resultados. Y aunque digan lo contrario, está bien que haya ganado el chato. Es más, hasta me bajé sus canciones a mi compu.

Que una vez me bajé del carro porque me pareció ver a 'alguien' en la calle. Que me bajé por gusto, porque no era ese 'alguien'.

Que he mentido cuando me he confesado. Que no me confieso hace siete años.

Que me he enamorado de mi computadora. Que he extrañado a alguien que nunca estuvo ahí.

Que tomo café siempre antes de dormir.

Que por lo menos una vez a a semana piso caca en la calle. Que cada vez que eso me pasa voy corriendo a comprarme un Ganagol.

Que me dan miedo los payasos. Aunque mucho más miedo me da la oscuridad.

Que he visto Volver al Futuro (entiénsase I, II y III) más de 20 veces, cada una. Igual que Día de la Independencia, aunque nunca he visto el inicio.

Que casi nunca cuento cuánto me dan de vuelto.

Que tengo una foto con Cachay.

Que odio el verano. Odio morirme de calor todo el día y también detesto la playa.

Que lloré cuando Caradura murió. También cuando murió Krillin (bueno, la primera vez).

Que podía dejar de ir a una clase por jugar póker o pichanga. Que soy saladísimo jugando póker. También pichanga.

Que cuando me golpeo, no grito carajos ni mierdas, sino un agudo 'Ay!'

Que aún grito los goles de Perú. Que una vez aposte en contra de Perú. Que hasta ahora no pago completamente esa deuda.

Que nunca, ni en colegio ni universidad, hice una tarea de matemática.

Que le debo diez soles a José Luis. Que no le pagaré.

Que una vez lloré en un micro. Y en una combi.

Que he llamado por teléfono a 'alguien' y he colgado. Que me han descubierto haciendo eso. Justamente esa 'alguien'.

Que a veces canto solito en mi cuarto. Que a veces he cantado con los ojos cerrados. Pero, peor aún, en ocasiones, he bailado con los ojos cerrados. Miento, solo fue en una ocasión, y fue suficiente.

Que todos los días, solo por el afán de hacerlo, camino unas diez cuadras para regresar a mi casa de la chamba. Hay carro que me llevan, pero no. Prefiero caminar y si llueve mejor.

Que necesito más terapia...


La primera es una canción dedicada a mi amor por computadora. La segunda también, porque es su grupo favorito.



martes 7 de abril de 2009

Hombre de costumbres

Acostumbrado a comentar siempre con Alison Melisa sobre las costumbres que nos atan, he decidido escribir este post. Sobre esas costumbres malditas que a veces nos encasillan, que no nos dejan seguir adelante, que se nos pegan como una telaraña.
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Esas costumbres que no te permiten salir del abismo y que, aunque trates, siempre te perseguirán. Las malas y buenas. Las que odias y las que amas. A pesar de que no lo admitas. Digamos ejemplos.
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Acostumbrado a ver la hora en el reloj sin pilas de mi cuarto, siempre creo que son las 11 y 20.
Acostumbrado a escribir usualmente ebrio, ya no puedo escribir sin estarlo. Acostumbrado a entrar siempre al Messenger, me es difícil dejarlo, aunque a veces no es grato conmigo.
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Por costumbre, siempre dejo para el último lo que pude hacer antes y hoy ando atrasado con todo. Acostumbrado a dejar que las cosas fluyan por sí solas, me olvidé de tomar la iniciativa. Acostumbrado a siempre ver el mismo rostro en todas partes, olvidé de ver más allá de él.
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La costumbre hizo que no dejara atrás cosas que aún me pesan y cargo sobre los hombros.
Acostumbrado a equivocarme, olvidé pensar bien las cosas antes de hacerlas. Acostumbrado a pisar siempre tierra firme, no me fijé en los hoyos que se presentaron en el camino.
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Me acostumbré a pensar que no todo era posible y olvidé la magia de las posibilidades. Y del infortunio. Y de las cosas pasajeras que a veces resultan impredecibles. Acostumbrado a preocuparme en mis problemas, dejé que estos les jodieran a otros. Acostumbado a mirarme al espejo, no recordé observar lo que había detrás.

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Por la bendita costumbre caminaba a oscuras a la mitad del día. Y por la vida. Acostumbrado a jugar a las escondidas, dejé de buscarme. Acostumbrado a que todo llegara por su propio peso, olvidé salir a buscar lo que quiero. Acostumbrado a caer me olvidé de levantarme. Y seguir adelante.
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Por la costumbre de volar en los sueños, olvidé vivir la realidad. Acostumbado a renegar de la vida, he olvidado a apreciarla. Acostumbrado a ver el panorama, me olvidé de fijarme en los detalles.
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Vivo con la costumbre de dormir con los ojos abiertos durante el día y por eso ya no me es fácil conciliar el sueño por la noche. Acostumbrado a la costumbre dejé pasar muchas oportunidades de las que hoy me arrepiento. Pero bueno, este es un post de costumbres y no de arrepentimientos.
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Acostumbrado a la mala suerte, me resingné a ella. Y a vivir a su lado. Acostumbrado a estar 'bien', olvidé sentirme Mejor que bien. Con el recuerdo de los recuerdos, dejé de ver el presente. Caigo y cuelgo.
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Acostumbrado a dejar un video musical después de cada post, dejo este video, nunca más apropiado (Pd.- Por siaca, la canción empieza a los 0:56) (Pd2.-Alison, sorry. Sé que no te gusta esa cancíón).
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jueves 5 de marzo de 2009

Buena chica

Hace unas semanas conversaba con un cofrade acerca de un post anterior de esta humilde, tediosa y poco fashion bitácora. En aquel desafortunado relato, este humilde, tedioso y poco fashion blogger había sido puteado por una muchacha. Eso sirvió para que ambos recordemos la primera vez que una mujer nos puteó. Su historia era simple: fue puteado por huevón y mal hombre. En mi caso, la primera vez que me sentí puteado no fue con palabras.
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Es una historia complicada. Digna de este malodramático espacio 'webero'. Conocí a M (dejémoslo en iniciales) hace ya bastante tiempo. Salía yo de una terrible decepción amorosa, de esos amoríos adolescentes que te joden toda la vida, y fui a una fiesta porque se celebraba el cumpleaños de un amigo cercano. Llegué a propósito tarde, saludé al cumpleañero, y al inspeccionar el lugar con la mirada, vi en una esquina a una muchacha, cabello castaño y liso, ojos pardos, labios rosados que dibujaban una bonita y media burlona sonrisa. Me llamó la atención, pero no me acerqué. No tenía ánimos y nunca he sido bueno para ese asunto tedioso de 'sacar plan'.
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Ya entrada la fiesta, y transcurridos los tragos, me animé a sacarla a bailar y me rechazó, con ese encanto tan particular que tienen las mujeres para dar malas noticias. No me amilané y bailé con una amiga suya. Me quedé conversando con ella y al poco rato me presentó oficialmente a M. Se creó una química inesperada e instantánea y no nos despegamos el resto de la reunión. Al final de la noche, cuando nos despedimos, no teníamos nada más que nuestros nombres. Pensé en ella buena parte de lo que quedaba de la velada, de regreso a mi casa y mientras esperaba al sueño tirado en mi cama.
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Al día siguiente, por primera vez el destino se hizo una. Iba caminando por la avenida La Marina, muy consciente de que ella me había comentado que vivía por ahí. Iba con un amigo rumbo a su instituto de inglés. Ese día la casualidad buscada funcionó. En uno de los paraderos vimos a una chica en minifalda, la cual activó nuestro sistema carnal. Recién cuando estuve a diez metros de la chica noté que se trataba de M. Miré a mi amigo y este no dejaba de mirarla, calibrándola con ojos expertos. Pero sus ojos se entreabrieron más cuando vio que me acercaba a la susodicha en un ataque de osadía. M, ¿cómo estás? Se sobresaltó un poco y se me quedó viendo con los ojos muy abiertos. Hasta ahora no puedo descifrar si su expresión era de sorpresa o estaba haciendo un esfuerzo olímpico por saber quién era. No me di tiempo a entenderlo. Soy Eduardo, nos conocimos en la fiesta... Claro, Eduardo, solo que me parece raro que nos encontremos, me interrumpió. Al ver que me reconocía mandé elegantemente a mi amigo a la mierda (se te debe estar haciendo tarde para tu clase) y me quedé con M. Se fue medio asado, yo muy consciente que M sería la protagonista de sus sueños más viles esa noche. M y yo conversamos solo un rato y acordamos vernos algún día. Me despedí de ella sintiendo que todo había sido una formalidad, que nunca nos veríamos de nuevo. Ni siquiera me había reconocido, qué huevón...
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Pasaron varios días, yo sumido en la miseria, por el ex amor adolescente y la ilusión efímera de un nuevo rumbo, hasta que una noche vi una invitación de M para unirme a su Hi5, invitación que venía acompañada de un mensaje. Le respondí encantado, pues no contaba con volver a saber de ella. Transcurrieron las pláticas por Msn un par de meses y nos hicimos muy cercanos. Quedamos en vernos muchas veces pero siempre algo sucedía y nos obligaba a cambiar de planes.
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Además, poco después, me mudé y mi nueva casa no tenía teléfono, ni cable, ni internet. Pasó tiempo sin que me comunicara con M. Un día, desde una cabina, encontré a M en el Msn. La saludé entusiasmado, pero ella me respondió con otro de los encantos malignos de las mujeres: la indiferencia. Casi no me habló y se despidió con un seco 'chau'. Aún sin comprender muy bien porque se comportaba de esa manera, entré a su Hi5 y encontré un texto. Algo sobre un tipo, y lo mucho que lo quiso, y que no quería estar así, pero otra vez había caído... En fin, una exposición de sentimientos que pocas a veces había leído. No sé si logré captar todo el texto, pero logré identificarme con M, pude sentir lo que sentía, y entonces me sentí conectado a ella. Pasó de ser simplemente M a ser Demonios, M. No esperé más y la llamé. Inmediatamente se disculpó por haberse desquitado conmigo. Ya calmados hablamos de la universidad, la vida, los compromisos... Qué bonita voz tiene...
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Luego de esa conversación y de lo escrito por ella, tenía que verla. Así que ideé un plan espeluznante, con el que me sentí un acosador, un obsesionado, un hombre desesperado. Al otro día fui al mismo paradero de La Marina donde la había visto en minifalda. Sabía a qué hora tomaba su carro para ir a clases y aguardé, como un tiburón a la espera de una sirena, para encontrar una nueva casualidad. Sin embargo, extraviado en la estratósfera de la obsesión y el amor repentino, olvidé algo tan terrenal como los imprevistos. A lo mejor no iba a clases, quizás me había equivocado de hora, o de día... Pero después de un momento vi por fin a M dirigiéndose a toda prisa al paradero, así que retomé el plan. Miré la pista y ahí estaba una JV. Seguramente una cuadra más allá M tomaría ese carro. ¿Qué hacer? Lo que nunca hago: seguir mi instinto. Subí a la JV con la esperanza que M subiera al siguiente paradero.
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Y claro, como cuando se trataba de M todo resultaba, hasta los planes desesperados, ella subió al carro. Pasó a mi lado para sentarse casi al fondo. ¿M realmente creería que se trataba de una nueva coincidencia? Me asomé de reojo para localizarla al fondo del carro. Tuve un arrebato por ir hacia la puerta y bajarme, pero otra vez hice lo contrario a lo que usualmente hago: volví a seguir mi instinto. Avancé hacia el final del carro y me senté en un asiento al lado de M. Otra vez nos vemos... Esta vez me reconoció al instante, abrió muchos los ojos y me sonrió (demonios, la adoraba). ¿Qué haces en este carro?, me preguntó. No supe qué decir, así que hice lo que cualquier macho aguerrido, que muere en su ley, haría. Me inventé una tía que vivía casualmente cerca de su universidad, lo que me dio la excusa perfecta para acompañarla buen rato en la JV. Estaba más linda de lo que la recordaba. Yo calculaba cada palabra que diría y la veía con ojos codiciosos. Ella bajó en su universidad y yo al siguiente paradero para tomar la JV de regreso. Ese día quedamos para vernos en su universidad al siguiente jueves y almorzar juntos.
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Flotando en mi nube esperé ese día. Llegué temprano a la universidad de M. Su facultad era una de las primeras entrando. Caminaba por los pasillos dirigiéndome al baño y preguntándome en qué salón estaría M, cuando por mi lado pasó una chica y se metió al baño al que yo me dirigía. Me quedé paralizado, (tal vez en esta facultad las chicas usan el baño de hombres...). Me aventuré y entré. Ahí estaba, por supuesto, M lavándose la cara. La saludé casualmente. Otra vez me analizó con la mirada como intentado reconocerme. ¡Eduardo!, ¿qué haces acá? Quedamos en encontrarnos, le respondí. Sí, ¿pero en el baño...?, me dijo. M, estás en el baño de hombres... Entonces su mirada recorrió el lugar donde se encontraba. Noté algo de rubor en sus mejillas, luego me sonrió. Sí, me refería a que habíamos quedado en la puerta de la universidad. Espérame un rato, me dijo y escapó del baño. No sabía si quedarme ahí o salir. Opté por esperarla en la puerta del baño. A los dos minutos, M salió de una de las aulas al inicio del pasillo. Como perro con seis colas fui a su encuentro.
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Yo esperaba ansioso poder tener un momento a solas con ella para acercarme, preguntarle cosas más personales, para hablarle un poco, tal vez intentar enamorarla... Fuimos a un restaurante al frente de su universidad y ahí estaban unos amigos de M. Muy linda me los presentó. Almorzábamos inocentemente hasta que uno de los chicos pidió dos cervezas. En eso llegaron dos chicas, amigas de ellos, que pidieron dos más. Envuelto en esa atmósfera, y a pesar que ahora estaba rodeado de bastante gente, empecé a acercarme más a M.
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No sé cómo, todos terminamos en la casa de uno de los patas de M bebiendo. No me despegaba de M y ella parecía contenta con mi cercanía. Estábamos sentados en el mismo sillón, mi brazo rodeaba sus hombros. Éramos pocos, pero algunos bailaban. Una de las amigas de M me sacó a bailar y se me pegaba mucho (Manya, a lo mejor le entra al cuento). Justo M se acercó y me apartó de su amiga. Luego me hizo una pregunta que jamás olvidaré: ¿Me acompañas a comprar puchos? Saboreé sus palabras y acepté. Ya pues...
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Salimos y caminamos hasta una bodega al final de la calle. M había olvidado que tenía clases y se entregaba al momento etílico. Luego de comprar cigarros, me distraje por un momento. Después volteé a ver a M, pero ella ya estaba fuera de la tienda, pucho en mano, viendo aparentemente el vacío en esa media tarde. La alcancé y vi que a unos metros, una pareja dándose demostraciones de afecto en plena vía pública era la que captaba su atención. No supe qué decir y el silencio se hizo incómodo. Yo alternaba mi mirada de la pareja a M, hasta que por fin ella silenció al silencio mismo y dijo al aire Parece tan fácil...
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Moví los labios buscando palabras, pero no salió ninguna. Puse una mano en su espalda, se volvió y me abrazó. Me rodeó con sus lindos y largos brazos y descansó su cabeza sobre mi hombro. Luego, con sus labios tan cerca de mis oídos comenzó a hablarme, esas frases de desfogue, las cuales solo quieres expulsar pero que no buscan respuesta. Me narraba pasajes de su vida, muchas veces sin coherencia. La escuchaba encantado y, aún sin entender del todo, sentí el afán de protegerla. Abrazados, ante un universo de preguntas, le hice la única que parecía pertinente en ese momento y l único que seguía rondando en mi cabeza: M, ¿qué demonios hacías en el baño de hombres? Sacó su cabeza de mi hombro, me miró y se permitió sonreír. Estuve pensando en... cosas... durante la clase, y no pude más y salí. Y lo del baño de hombres... me dio igual entrar a cualquier baño, a esa hora todos están en clases. Estabas llorando, le dije. Al parecer no se esperaba esa afirmación. Estuvo a punto de decir algo, pero se compuso rápidamente y otra vez su rostro dibujo una sonrisa. Me dio un beso en la mejilla y volvió a refugiarse en mi hombro.
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Nos sentamos juntos y permanecimos tomados de la mano durante lo que quedaba de la reunión. Después de un rato, los cuerpos derrotados por el alcohol yacían en los muebles. M dormía apacible y perfecta sobre mi hombro y nuestras manos seguían entrelazadas. Traté de adivinar qué estaría soñando. Pero ya era tarde, así que la desperté suavemente. Me miró media desorientada e inmediatamente sonrió. Hasta con la cara somnolienta lucía linda. Medios ebrios nos paramos y le dijimos al dueño de la casa, que estaba tirado en uno de los sofás, que ya nos íbamos (aunque poco le importó).
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Caminamos por la calle agarrados de la mano. Nos subimos a una combi y nos apoderamos del asiento trasero. Ella iba con su cabeza recostada sobre mi hombro. Otra vez me decía cosas que me cuesta recordar pues en ese momento no las entendía. Yo también le enumeraba al oído sus virtudes, envenenándole el alma con palabras dulces. La acompañé a su casa y, aún medio ebrios, nos quedamos en su puerta. Rendido ante ella me sentí dispuesto a dejar atrás los fantasmas de la desilusión y envolverme en M. Tenía un brazo alrededor de su cintura y el otro acariciaba su cuello. Bajo el cielo de esa noche oscura, M y yo juntamos frentes y rosamos nuestras narices. En eso sonrió coquetamente. Me miró, mordiéndose el labio inferior sin dejar de sonreír, y rozó mis labios con sus dedos por un segundo. Sus labios desviaron su dirección hacia mi mejilla. Fue un lindo día, Eduardo. Hablamos mañana, me dijo con acento etílico.
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Como dirían, me dejó en 'pindinga'. M, aún con la sonrisa de niña que acababa de hacer una travesura, entró a su casa. Seguimos viéndonos, pero no hablábamos de aquella noche a pesar que casi todos los días conversábamos. A veces íbamos al cine o a tomar un café o solo a caminar. Si ella tenía una fiesta, me pedía que la acompañara, si yo era el de la fiesta, ella iba conmigo. Muchas veces andábamos tomados de la mano o abrazados. En ocasiones, asumía el riesgoso intento de acercarme más de lo debido, pero siempre la misma mirada coqueta y sus dedos (también coquetos) se interponían.
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Fue un día que regresábamos de una fiesta en que nuestra relación cambió. Estuvimos inseparables toda la fiesta. Luego, llegamos a la puerta de su casa y nos sentamos en la vereda con los dedos de las manos entrelazados. Otra vez nos endulzábamos los oídos con palabras de cariño y vivimos el amanecer desde esa vereda. Sin saber cómo, después de un momento, tenía su mejilla junto a la mía y entonces mi miró como solo ella sabía hacerlo. Esta vez su rostro no mostraba una sonrisa, sino ternura.
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Cada segundo que pasaba nuestros rostros se acercaban. Exploré la geografía de su rostro con la mirada y pude verme reflejado en ella. Sentí que la quería, que todo lo que sabía sobre la belleza era mentira y ella era lo único cierto. Que ella era la parte de mí que no conocía, que éramos uno. Sin embargo, mientras la admiraba, un sentimiento repentino cruzó mi mente y, sin poder explicarlo, supe que no la podría querer más. Sentí que la adoraba en ese momento, pero que me gustaba más estar con ella que ella misma... Vi lo tansparente de su alma a través de sus ojos, y aunque fumaba, tomaba y decía lisuras, noté lo inocente que era. Cruzaron por mi mente las chicas con las que había salido, entre ellas ese amor adolescente que en ese momento parecía lejano, y no quise hacerle eso a M. Esta vez mis labios se desviaron.
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Aquella noche, con cara clara de confusión, M entró a su casa. Quise hablar con ella e intentar explicarle algo que ni yo mismo entedía. M ya no parecía estar ahí. Desapareció del Messenger, me eliminó de su Hi5, no respondió el teléfono. Me lo merecía, por su puesto. La verdad es que no volví a verla en mucho tiempo. Traté de ubicarla, incluso la busqué a su casa, y nada. Nunca estaba, nunca me habló.
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Supe de ella hace más o menos un año. Caminaba otra vez por la avenida La Marina sin ninguna ilusión de toparme con M. Pero un día Iba yo por su calle, recordándola, cuando ella apareció como de la nada. Nuestras miradas se cruzaron unos segundos, y luego me ignoró. Pasó por mi lado sin dirigirme la palabra. Empecé a llamarla, la seguí un buen trecho hasta la puerta de su casa, esperando que me escuchara aunque sea un momento. Antes de entrar en su casa, volteó. Tuve ganas de acercarme, abrazarla, decirle muchas cosas, ser participe de sus inquietudes y penas, compartir sus nuevas alegrías y locuras, caminar con ella y mis pensamientos y no hacer mas que mirarnos y encontrarme a mi mismo... Pero me mantuve calmado, sabiendo que era mucho más importante parecerlo que estarlo. Otra vez, de solo verla, ninguna palabra salió de mi boca. M, en cambio, se mordió el labio inferior, como tantas veces la había visto hacerlo. Sin embargo esta vez no se dibujaba una sonrisa coqueta en su rostro, ni sus ojos irradiaban ese brillo que antes emitía. Logré observar en sus ojos un desprecio mezclado con compasión. Vi en esas lagunas cuanto la había dañado y me sentí mal. Sabía que cualquier cosa que dijera solo empeoraría su concepto de mí. Pude sentirla, era como yo me había sentido muchas veces y no pude más que odiarme. A lo mejor entendió mi silencio. Jamás lo supe. Ojalá nunca te hubiera encontrado, fue lo único que dijo, cruzó la puerta y la cerró.
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Cada vez que pasó por su calle la recuerdo, a veces me parece verla, pero solo es mi imaginación. La extraño, sí. Un par de veces más quise saber de ella y no obtuve respuesta. Han pasado ya dos años y la recuerdo casi todos los días. A veces entro a su Hi5 buscando un texto que me cautive o una foto que me permita recordarla. ¿Por qué recordar ahora esta historia? Una invitación acompañada de un mensaje apareció en mi cuenta de Facebook esta semana. Nos volvemos a encontrar...

Dejo un pack de Los Secretos porque M me los presentó. La canción que me recuerda a ella y su preferida. La primera en un cover de Wicho García de Mar de Copas.


sábado 10 de enero de 2009

Cabellos castaños, ojos caramelo

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Una vez conocí una chica.
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Cabellos castaños, ojos caramelo.
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Manos tersas, suaves como la seda.
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Era como mi vecina.
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Emocional, más que todo.

Cuando ella reía, yo reía.

Cuando ella lloraba, yo lloraba.

Cuando la veía, me alegraba.

El cielo de la ciudad ya no era tan mezquino.

Y llovía.

Por eso siempre le decía sonríe.

Porque eso me animaba.

Y eso la animaba.

Un momento de escape.
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Le gritaba te quiero con los ojos.

Pocas veces lo entendía, ni cuenta se daba.
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A mí no me importaba.

Con esos mismos ojos le prometía que siempre estaría a su lado.

Que siempre la acompañaría.

Cuando ella me necesitara.

Tal vez nuevamente no me captaba.

Quizás sí.

Pero esta vez yo no la entendía.

Escribíamos una historia cada vez que nos veíamos.

Nuestras miradas se detenían.
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El mundo se paraba.

Como cuando ella sonreía.

El solo verla valía la pena.

Con nuestras miserias nos acompañábamos.
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Y juntos las superábamos.

Por lo menos yo lo hacía.

Aunque ninguno decía nada.

Y es que a veces no hacía falta.

A veces no comprendía.

Solo una sonrisa me bastaba.

Siempre conversábamos.

No importaba si eran dos minutos o varias horas.
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Siempre había algo qué decir.
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Cualquier tema valía.

Toda cosa importante que me ocurría de un modo u otro tenía que ver con ella.

Cada uno con sus problemas.

Ella me escuchaba.

Yo muchas veces no podía.
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Me hubiera gustado ser mejor con ella.
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Para preguntarle qué le pasaba.

Igual escuchaba cuando ella me lo pedía.

O cuando no lo hacía.

Ella decía que mi compañía ya era bastante.

Espero así haya sido.

Pues muchas veces debí haberla aconsejado.

Pero me quedaba callado.

Seguramente hubieran sido útiles unas palabras de apoyo.

De aliento, siquiera.
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Yo no podía.
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Ni siquiera me atrevía.

Aunque me hubiera gustado.

Lo único que me salían eran chistes tontos.

Que poco le ayudaban.

En ocasiones intentaba con un abrazo.

Espero que no le molestara.

Todo volverá a su sitio.

Así es la naturaleza.

Claro que costará.

Es el precio a pagar.

No te pido que olvides.

Solo que sonrías.

Volver a bailar y cantar.

Como esos días.

Cuando todo era tranquilo.

Despreocupación y libertad.

Como decía un cófrade por ahí la sonrisa es tu mejor arma.

Lo único que no te pueden quitar.

No pares de reír.

Aunque a veces yo lo haga.

Ni cierres los ojos.

Siempre mira hacia arriba.

Pero sobre todo, lleva la sonrisa por dentro.

Así será más linda por fuera.

Por eso, solo descanse hoy.

Pequeña señorita.

Mañana será un gran día.


Dos canciones. La primera porque es genial y va con el post. Pero como me han dicho que ABBA es muy gay, coloco otra, también genial, y que estoy escuchando en estos momentos.



martes 23 de diciembre de 2008

Till the end of time

Hace unos días conversaba con un viejo amigo mientras nos tomábamos un cafecito. Era curioso observar sus ojeras más pronunciadas , su panza marcadísima y su cara más demacrada después de tanto tiempo. Bueno, seguramente él pensaba lo mismo de mí. En fin...

Inexplicablemente acudió a mí pedirme consejos sobre mujeres. Contuve la carcajada y le dije que no era el indicado para esa misión, que si quería podía invitarle un biscochito para acompañar el café. Me respondió, no importa, tío, solo escúchame y de ahí me dices qué piensas. Lo hice y, Dios mío, que hombre tan golpeado por la vida. Mientras rajábamos de mujeres, nos dimos cuenta que los hombres no somos una raza tan diferente. Luego de un rato nos empezamos a preguntar por qué tanto hombres y mujeres nos ponemos tan bestias cuando nos interesa una persona y cómo uno se da cuenta cuando se está demasiado afectado por esa persona.

La siguiente es una relación de las señales típicas y momentos exactos cuando una persona debe empezar a preocuparse. Esta lista está basada en las vivencias de ambos camaradas reunidos, y en varias que recuerdo de amigos y/o amigas que me comentaron alguna vez sus experiencias. Así que, ¿cómo sabes que estás templado/a o que alguien te interesa más de lo debido?

Cuando sientes 'algo' en el estómago al ver a esa persona (típica y básica).

Cuando te duermes y te despiertas pensando en esa persona.

Cuando pones cara de baboso/a cuando la ves.

Cuando todas las canciones que escuchas te hacen recordar a esa persona y te dan ganas de dedicárselas.

Cuando visitas algún sitio que te agrada e inmediatamente piensas que le gustaría.

Cuando haces de todo para hacerla reír.

Cuando ves cualquier chuchería en la calle, plazas o micros, y piensas en regalársela.

Cuando cambias algún hábito por ella.

Cuando haces algo que no te agrada solo para estar con esa persona.

Cuando te gastas todo tu saldo llamándola.

Cuando le enseñas a manejar en tu carro.

Cuando a los dos minutos que se va de tu lado ya empiezas a extrañarla.

Cuando te imaginas besando a esa persona y no preferirías besar a nadie más en ese momento, así sea Angelina Jolie o Brad Pitt, según sea el caso (eso no quiere decir que no lo harías).

Cuando odias al tipo o tipa que estuvo con tu 'persona' antes que tú, aunque ni siquiera conozcas al susodicho/a.

Cuando andas por ahí con cara de huevón/a.

Cuando estás convencido que esa persona es la más atractiva entre las atractivas.

Cuando pones sus iniciales como firma al culminar un juego de Playstation o NIntendo.

Cuando dejas de ver el fútbol por pasarla con ella (de los testimonios recogidos, esta solo aplica para hombres).

Cuando te imaginas, aunque sea una vez, casándote con esa persona, diciéndole tus votos y todo.

Cuando buscas excusas para hablar acerca de ella a cada rato, bajo cualquier circunstancia y cuando estás conversando sobre cualquier tema.

Cuando cualquier capítulo de una novela mexicana o serie gringa te hace recordar a un episodio de tu vida junto a esa persona.

Cuando ves su rostro en cada mujer/hombre que te cruzas.
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Cuando crees que la querrás hasta el fin del tiempo.

Cuando en cualquier momento, sin intención alguna, se te escapa su nombre y lo dices en voz alta.

Cuando practicas lo que vas a decir antes de llamarla por teléfono.

Cuando te imaginas con esa persona en tu cama, pero no teniendo sexo, ni siquiera besándola, sino simplemente durmiendo a su lado, conversando o abrazándola.

Cuando te imaginas diciéndole cosas que no le dirías en persona.

Cuando, como alguna vez escuché por ahí, si te dieran a escoger en este momento entre no ver a tu persona nunca más o casarte con ella, eliges casarte.

Si sufres de algunos de estos síntomas, mi estimado/a, preocúpate. Son cosas que pasan, de las que nadie está libre, pero totalmente superables, si se quiere. De hecho existen muchas más que no recuerdo o no me han comentado. Así que si alguien recuerda algo, o desea publicar su experiencia, no dude en hacerlo. Continuemos la terapia...

Pd.- Para los que lo pensaron... es cierto, no era cafecito lo que tomábamos...

Pd 2.- El biscochito era pucho.

Gracias al comentario de Door en un post anterior vi Little Miss Sunshine y fue devastadora. Pero me dejó esta gran canción de DeVotchka, que grafica en muchas partes fragmentos de este post.


jueves 20 de noviembre de 2008

Confesiones de un salado I

Como ayer oí hasta el cansancio, de nada sirve arrepentise. Y como comentó el cófrade José Luis acerca del post anterior, faltan sesiones de terapia. Debo estar tranquilo. Así que hoy, nuevamente, utilizaré esta bitácora para un desfogue personal. No pienso calatearme más emocionalmente, así que me desprederé de esas cosas baladíes que la web pueda conocer y que probablemente nadie sepa sobre mí. Confesiones que no le interesan a nadie, pero que me pesan y que seguramente coinciden con algunas preocupaciones o temas de vida de alguno de los cinco gatos que leen mi blog. He aquí una pequeña relación de estos ítems:
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Confieso hoy que no sé manejar bicicleta.
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Que tengo una prenda rosada en mi armario (no diré qué prenda).
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Que a veces prefiero la Inca Kola sobre la Coca Cola, pero en verdad sucumbo ante una Sprite.
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Que me encanta ver American Idol. Río, lloró, sufro con los resultados... y cuando no estoy en casa lo grabo... sí, lo grabo!
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Ya que estamos en eso, confieso que, no sé por qué, siempre veo realitys... Vi el Gran Hermano, la Casa de Gisela, Top Chef, American's Next Top model, Bailando por un sueño (la versión mexicana)... pero detesto Latin American Idol...
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Que dormí con peluches hasta los 14 años.
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Que cada vez que uso gorra no es por look sino porque odio peinarme.
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Cuando me preguntan la hora, nunca digo la verdad. Siempre le agrego o le quito un par de minutos a la hora que tengo en realidad.
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Hablando de la verdad... nunca digo toda la verdad... siempre espero un poco y la suelto de un momento a otro en todo su esplendor para generar sorpresa...
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A veces me tomo una cerveza solo en mi cuarto, solo porque se me antoja, sin ningún motivo...
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Que hace años lloraba cada vez que mi 'U' querida perdía.
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Que una vez recé arrodillado para que Perú hiciera un gol...
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Que estuve templado de la misma chica unos... aproximadamente 6 años.
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Que a veces finjo conversaciones por mi celular cuando siento la necesidad de decir algo... lo he hecho en algún centro comercial, en cualquier calle, en la universidad. A veces siento ser mi mejor oyente.
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Lloraba cada vez que veía Vale la pena soñar.
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Que desde los 8 años hasta los 17 no lloré jamás. Pero desde que lloré por primera vez en esos 9 años de abstinecia, no he podido cerrar esa puerta. He llorado con las películas más alentadoras del mundo y con series como Scrubs, Friends, Mad about you, Everyboy loves Raymond, con Seinfield.... con Seinfield pes!!! hay que ser pendejo...
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Confieso que antes de escribir algún trabajo especialmente difícil, fumo.
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Que antes de escribir en este blog, bebo. Sigo lo que una vez mi profesor de Periodismo Especializado dijo acerca de algún tipo, seguramente importante para el Periodismo, pero cuyo nombre no recuerdo. Su secreto era escribir borracho, corregir sobrio y volver a corregir borracho. No diré que siempre escribo borracho (pues mi hígado y mi bolsillo me lo perdonarían), pero sí bebo por lo menos una lata de chela antes de hacerlo (entiéndase que luego viene otra para la corrección).
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Me chupo la plata de mi cuaderno cada sábado anterior al inicio del ciclo, es por eso que hace tres ciclos que no tengo cuaderno.
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Que cuando tengo pesadillas, si mi madre está en casa, aún voy a su cuarto y me abrazo a ella.
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Que nunca he besado a alguien de quien esté enamorado.
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Que me copiaba con la furia en Mate (en el cole, claro).
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Que todas las noches duermo con el televisor prendido. De otra forma, no puedo conciliar el sueño.
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Que prefiero ver televisión antes que hacer un trabajo. Sin embargo prefiero leer cualquier libro antes que ver tele. No obstante prefiero jugar fulbito antes que leer algún libro. Pero prefiero irme de juerga con mis amigos antes que pichaguear.
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Bailo todos los ritmos igual, no sé diferenciar entre Pilsen y Cristal, tampoco entre Hamilton y Pall Mall.
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A veces habló solo en mi cuarto. En ocasiones me despierto y me vuelvo amigo del techo.
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Hay ocasiones en que bebo agua del caño. O no me baño después de pelotear.
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Escucho la canción que me prometí no volver a escuchar. Sufro por lo mismo por lo que juré no sufrir más.
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A pesar de mi edad sigo haciendo bromas telefónicas. Soy irónico al dar las gracias. A veces me alucino Oliver y corro por mi casa gritando Gol (obviamente cuando no hay nadie).
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Odio la Navidad, Año Nuevo (este se salva ya que aunque sea bebo) y toda fiesta que conmemore algo. Sin embargo se acerca una fecha especial personal, así que al mal tiempo buena cara.
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Una gran canción, con una letra genial. Before you were young, canción de travis presente en el concierto en Lima
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sábado 8 de noviembre de 2008

Terapia

Hoy necesito terapia. Desfogar esas patrañas y esforzarme por creer que nada en realidad ha sucedido. Que nunca crucé ninguna puerta, que nunca prendí aquel cigarro, que nunca destapé esa cerveza.

Que jamás hice aquella llamada, que jamás caminé por esa vereda, que jamás tuve esa oportunidad, que jamás conversé con esa persona.

Hoy tengo que explayarme. Satisfacer la necesidad de decir algo, dejar de lado esa teoría y escribir como antes. Reivindicar mi espíritu, indemnizar mi alma, conjurar esos pensamientos. Evitar mirar siempre el mismo camino.

Convencerme que sí puedo. Esfumar esas dudas. Olvidar cuando la realidad se burló de mi valor. Aclarar mi mar negro.

Sin embargo, también me urge recordar. Recordar el momento en que tropecé. El instante en que encontré esa pista que me guió.

Inmortalizar EL momento aquel, estampar para siempre ESA imagen en mi memoria. Hoy me gustaría recordar AQUELLA época.

Creer que no debí haber huido cuando tuve una oportunidad. Parecer otro, pero ser el mismo. Volver a sentir, comenzar de nuevo.

Hoy necesito olvidar. Que nunca escribí esa carta, que jamás morí en unos labios. Que tal vez no pueda leer esos ojos, que al caer no me molesté en levantarme.

Olvidar la moral que me ata. Desmenuzar las hileras de mi vida. Dejar de lado lo que me hizo llorar. Reflexionar acerca de lo que me hizo reír. Darle otra perspectiva a mis inquietudes. Beber de nuevo de mi propia medicina.

Que no dejé caer mis brazos, que jamás interrumpí ese sueño, que nunca dejé ir a alguien de mi lado. Que no lancé esa moneda al aire, que jamás recogí ese recuerdo, ni rescaté la única mirada que me brindaron.

Pero esto no es sobre lo que debo o necesito, sino sobre lo que quiero.

Hoy quiero SER de nuevo. Ver otra vez esa sonrisa, volver a caer en ese espasmo. Volver a perderme en esas lagunas pardas. Sentir que vuelo con los ojos cerrados. Terminar de escribir mi historia.
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Quiero llenar de nuevo mi vaso, cargar nuevamente mi cruz, gritar ‘salud’ al viento, prender una vez más el encendedor, amortiguar la dura caída en ese recuerdo malherido.

Que el ánimo recupere fuerzas, que el optimismo renazca. Revivir esos momentos, acariciar esa mano de nuevo, ilusionarme como ayer. Sentirme importante por un momento. No caer en ese estado (otra vez).
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Hoy quiero olvidar que me arrepentí y quiero no volver a arrepentirme.
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Gran vídeo. Quiero reírme de esto pero no puedo. A los 39. Inspirado en este otro gran vídeo.

lunes 20 de octubre de 2008

La belleza en toda su violencia

A ella, la belleza en toda su violencia
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La reunión empezó tarde. Pero mientras más tarde comenzara mejor. Fui temprano porque al otro día era jueves y no tenía clases. Para mis demás amigos, ni siquiera existía juerga cuando llegué. Los pocos presentes nos pusimos a conversar hasta que el lugar se colmó de más invitados. Poco a poco estos fueron llegando y se armó la reunión. Sin darme cuenta fui envolviéndome en el reencuentro de viejos camaradas. Pero, con la conversación y demás temas, sucedió lo inevitable: sacaron el trago. Digo ‘sacaron’ en todos sus sentidos. Mi amigo, el cumpleañero, sacó cervezas y una gaseosa de su refrigerador. Vi a la gaseosa como mi pionera salvación en aquel momento, pero mi esperanza se desvaneció rápidamente al notar que sacaba un ron de la alacena. Otros, recién llegados, sacaron tragos de sus mochilas, sus casacas, de bolsas camufladas entre sus cosas. También aparecieron los primeros cigarros de la noche… De un momento a otro, la cálida y reconfortante conversación en la acogedora y no menos cálida sala de la casa se había transformado en el despelote de la vida, una juerga que pintaba como épica, la típica situación que suelo apreciar y disfrutar, pero que, ese día, no podía.
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Me sentí el más monse de la noche al pedirle a mis amigos una gaseosa. No me importaron las miradas juzgadoras ni las asombradas de mis amigos más cercanos. A los más inusuales ni siquiera me molestaba en explicarles la situación sino que daba cualquier excusa. A los más cercanos, y que se atrevieran a preguntar, les decía la verdad (no había por qué ocultarla): hoy no bebo por una mujer. Algunos, creyendo que habían escuchado mal o que me había pajareado al hablar, me volvían a preguntar. Hoy no bebo por una mujer.

A uno, no de los más cercanos del círculo, pero de los pocos que estuvo dispuesto a preguntarme más al respecto, le conté el cuento completo. 30 días y 30 noches sin tomar. Una osadía. Una cruzada inalcanzable. Una apuesta. Una competencia que había hecho entablado con Claudia y que, en ese momento, al parecer, la única manera de ganar era perdiendo. El único escape estaba ahí, dentro de esa casa, con esa gente, ese ambiente. Las bases de la apuesta eran claras. No podíamos tomar en un mes porque… porque…. bueno, porque consideramos, en ese momento, que era lo mejor para nosotros. ¡Nuestras conversaciones no podían girar siempre a temas referidos al alcohol! Ante el reto que significaba esa misión, y lo difícil que parecía en apariencia, decidí por acceder. Ahora, que ya acabó la susodicha apuesta, aún creo que había mucho que perder, pero poco que ganar (porque aún no me convence eso de la satisfacción personal de no tomar…)
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Justamente aquel era uno de esos momentos en los que me sentía perdiendo. Ya días antes había escapado a las tentaciones y trabas dispuestas por la vida (una vez más trastocada en esta bitácora), pero esa era un gran paréntesis, un verdadero escalón por trepar. Supe acomodarme entre mis amigos y amigas que no toman, por costumbre, o por circunstancias, como yo. Algunos ya estaban acostumbrados a la difícil faena de ignorar a los demás en apariencia más divertidos. Otros reemplazaban aquel vicio por otro, como el cigarro. Los demás conversaban. Yo me uní a ellos.
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Desde allí era totalmente otra perspectiva. Tampoco es que fuéramos un grupo apartado. Todos se integraban con todos, pero no podíamos evitar que de vez en cuando nos ofrecieran algún vaso. El ‘No’ como respuesta era lo que nos diferenciaba. De a pocos comencé a ver como los ojos de mis amigos y amigas decaían a causa del alcohol. Las incoherencias y actos poco tímidos empezaron a tomar protagonismo. Fui testigo de cómo las ojeras se formaban en los rostros… y sentí envidia… ¿Por qué yo no podía estar así? ¿Por qué no podía ser partícipe de los bailes desarticulados, y poco coordinados, de ellos? ¿Por qué justo escogieron esa fecha para desgranmadrarse a punta de alcohol? Puede parecer un argumento sostenido con esa médula etílica que vive en mí, pero era lo único en que podía pensar. Estaba tenso, también incómodo y la culpé (lo siento, pero es verdad. Te culpé).
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Al resto le daba igual. Pasaron un par de horas y había logrado distraerme. Estaba pasándola bien, pero el alcohol siguió haciendo efecto en mis compañeros. Pronto me vi envuelto en los trencitos que recorrían la improvisada pista de baile, en las conversaciones íntimas de mis amigas, en los coros desafinados de las canciones de Sabina y esas salsas cortavenas, en los diálogos despechados mis amigos… y luego, los brindis. Ahí el giro inesperado de la noche. Después de unos incoherentes intentos de algún avezado, escuché mi nombre. Sabidos de mi afán por hacer brindis cada vez que tomo, en su inconsciencia, comenzaron a pedir a gritos mi nombre, mis ‘brindis’, buscándome entre las más o menos 30 personas que había. No es que sea especialmente creativo, sino que en momentos en los que ya no se razona muy bien, mis cursis, trillados, mil veces contados, y ‘poéticos’ brindis (porque cada vez que puedo trato de acabarlos en rima), suenan a frases coherentes e ingeniosas, algo de lo que están muy alejados.
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Lamentablemente yo no hago ‘brindis’ sobrio. Se me sale el miedo escénico. Los hago cuando estoy suficientemente picado como para que no me importe el qué dirán. Solo atiné a hacer señas de reconocimiento con la mano. Sin embargo, la gente insistía (¿no saben que cuando hacen eso es peor?). Tras un momento de reflexión y tal vez por lo ‘empilado’ que estaba a pesar de no haber tomado ni una gota de alcohol, y como vi rostros familiares y acogedores, accedí, sin tener ni idea de qué iba a decir. Mi amigo, el dueño del santo, invocó al silencio, carajo, el periodista va a hablar. Hice caso omiso al comentario y no hice un brindis, sino que le dediqué unas palabras al cumpleañero, palabras que ya ni debe recordar tomando en cuenta lo desorbitado de sus ojos. No las repetiré pues eran para él. Me desprendí de ellas cuando se las dediqué. Mis palabras fueron agradecidas, incluso la hermana del susodicho se acercó a decirme que estuvieron bonitas. Así que, ante la confraternidad, me fui embriagando con el ambiente. Sin notarlo era uno de ellos, un borrachín más.
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Y ahí sí los brindis afloraron, desde el típico Por ellas, aunque mal paguen, hasta el algunas veces usado por cada mujer que tendrá nuestro corazón, afortunadas de mier… Hasta que otra vez fui acudido para un brindis. Esta vez, con el mayor desparpajo que me era posible me aventuré. Una vez más no sabía qué decir, pero clamé el silencio. Entonces pensé en la persona a la que debía tan inusual y satisfactoria noche.
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Me dirigí al cumpleañearo y hablé, Hoy quiero hacer un brindis un poco egoísta, tomando en cuenta que es tu cumpleaños y hablaré sobre mí. Hoy quiero brindar por una mujer, uno que otro murmullo, continué, la razón por la cual hoy no puedo tomar. Una mujer que me hace renegar pero que generalmente me hace sonreír. Una mujer con la que he tomado muchas veces pero que es la que hoy me aleja del trago. Alguien cuya sonrisa me impide decirle ‘no’. Una persona con quien a veces me gustaría molestarme, pero me es imposible. Una mujer que no ha cambiado mi vida, pero sí ha hecho la diferencia. Por ella, alcé mi vaso de Sprite, la belleza en toda su violencia.
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Iba más o menos así. Detalles más, detalles menos. No elaboraré un juicio semántico ni semiológico al respecto. El silencio reinó. Incluso, como si algún director de películas gringas de Hollywood hubiera dirigido ese momento, un perro comenzó a ladrar en la calle, lo que ahondó el silencio. Hasta que el del cumpleaños, ya severamente afectado, solo supo decir este conchesu… las risas volvieron y la bulla siguió. El ‘salud’ al unísono se hizo a escuchar y por ahí algún cófrade ebrio me dijo maestro, Sotelo…o grande, Eduardo-
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No mencioné su nombre, pues no lo consideré necesario tomando en cuenta que ellos no la conocían. Pero sí me quedé pensando en ella. Hace tiempo no vivía una reunión bajo esas circuntancias y se lo debía a ella. Si bien antes la culpé, en ese momento se lo agradecí. Es más, le agradecí muchas cosas… Le agradecí por sonreirme siempre, por escucharme, por alegrarme el día, por no molestarse conmigo (aún cuando yo la molesto mucho y sé que la abrumo con todos los mensajes de texto que le envío), por simplemente estar ahí, porque el solo hecho de escribirle un mensaje, aunque no me responda (cosa bastante usual), me sube el ánimo. Por entenderme, por aceptarme con todos mis defectos, por hacerme compañía, por ser como es.
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Observé a mi alrededor y el ambiente era el mismo, como si nunca hubiera hablado. Vi a mis amigos ebrios y me alegré de no estar así. Estaba divirtiéndome, pasándola bien, estaba mejor que bien, mejor que si hubiera tomado. En tanto pensaba en esa mujer por la cual no bebí aquel día, evaluaba si ir a bailar con mis amigas o ir a un rincón de la sala donde unos amigos contaban chistes. Mientras me decidía, solo atiné a sonreír, después de mucho tiempo de manera sincera, saqué mi celular y comencé a escribir un mensaje.
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Esta canción, pues porque me gusta y porque alguna vez se la dediqué. No me dijo nada al respecto, así que asumo le gustó. Para tí.
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lunes 22 de septiembre de 2008

Fair play*

*La siguiente es una historia demasiado ficticia para ser verdad. La escribí hace años, y mi últimamente ánimo pelotero ha hecho que le de un espacio en este humilde blog. Cualquier persona que me conozca y sepa algo de fútbol sabrá de inmediato lo falsa (pero a la vez sincera) que es esta historia. La canción del final se llama Querido barrio de Los Hermanos brothers, la cual me recuerda toda época mejor (el que termine de leer esta historia la entenderá). Las imágenes de fondo es el momento más triste de la serie Misterio.
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El fútbol duele porque pega duro. Todos se ilusionan cuando juega la selección pero siempre nos ganan. Brasil, por ejemplo, siempre nos la hace. Mi abuelo lo sabía, pero igual le iba a Perú.

- ¿Por qué te pones la bincha, papito? La última vez me dijiste que era para mariquitas.

- No pues, Lalito. Esta vez Perú de hecho gana. Además, no voy a ponerme la camiseta sin bincha, pues.

No me gustaba cuando Perú jugaba. Como siempre perdía, mi abuelo terminaba molesto. Aquella tarde jugaba contra Brasil. Mi abuelo se sentó en el sofá, con su bincha que decía “Te amo Perú” y su camiseta del Municipal porque no le alcanzaba para comprar una oficial de Perú.

- Ya anda a hacer tu tarea, Lalito. –me decía y cambiaba de canal sin consultarme.

- Ya la hice. ¿Quieres verla?

- No, no. Te creo. Entonces puedes ver el fútbol conmigo.

- Pero Perú siempre pierde, papito.

- Carajo, Lalo. Tú siempre tan negativo. Perú no va a perder. Si no la hacemos con este equipazo que tiene, no la hacemos nunca. –dijo riéndose-. Además el técnico es de Brasil.

A mi me gustaba el fútbol, tengo todos los álbumes de figuritas de los Mundiales y Copas América, pero la selección nunca ganaba. Además, ese brasileño dientón del técnico no sabía nada de fútbol.

- Papito, cuando sea grande voy a ser entrenador de fútbol y voy a llevar a Perú al Mundial.
Mi abuelo empezó a reír a carcajadas.

- No seas canalla, pues Lalito. Si tú entrenas a la selección, el Perú se va a la mierda. –y seguía riéndose muy fuerte, luego al ver mi rostro triste me revolvía los cabellos.

Veinticinco minutos y Perú ya perdía uno a cero. Mi abuelo ya estaba enojado. Se había quitado la camiseta del Municipal debido al sudor. Ahora veía el partido en bividí.

- ¡Cristina! ¡Mi cerveza!

- Ya va, Teódulo.

- Tu abuela está cada vez más caduca, hijo.

Mi abuela entró a la sala. Le dejó una lata de cerveza en la mesita a mi abuelo y a mí, que estaba tirado en el piso, me dio una gaseosa y un beso en la frente.

El partido estaba aburrido. Ese Prieto y el otro al que le dicen “la Mecha” eran un par de malos. Incluso había escuchado que andaban en unos líos con unas vedettes. Mi pobre abuela, que se había quedado con nosotros en la sala, se estaba quedando dormida cuando Brasil metió otro gol. Yo me entristecí, pero para mi abuelo aquel gol fue como si le hubieran dado una noticia gravísima. Dio una patada en el piso y soltó una palabrota que sacó a mi abuela de su sueño.

- ¿Qué pasó? ¿Gol?

- Gol de Brasil, pues, Gorda. Si esos delanteros peruanos no le hacen gol ni al arco iris. Y ese arquero hijo de la jijuna, cacaceno que le dicen “el Pulpo”, no agarra ni a su costilla. Deberían de decirle “el Manco”. ¡Huevón de mierda, ahí!

- ¡Teódulo, por favor! –lo regañó mi abuela señalándome con las cejas.

Justo acabó el primer tiempo. Mi abuelo estaba empapado en sudor. Se tomó la cerveza que quedaba de un solo trago y se fue a lavar la cara. Yo permanecí callado. Volvió sin la bincha, pero con el optimismo del principio. Empezó el segundo tiempo.

- Ahora van a ver esos brasileños... –decía para sí mismo.

- Papito, ¿tú crees que aún podamos...? –pero no pude terminar la pregunta porque “el ciempiés” Hernández acababa de meterde cabeza un gol para Perú.

- ¡Goool! –gritamos al mismo tiempo.

No lo festejamos, aunque nos llenamos de ilusión, como cada vez que Perú hace un gol así vaya perdiendo por diez. Mi abuela ni se enteró del gol porque seguía durmiendo.

- ¡Vamos, carajo! –intentaba animar mi abuelo.

- Sí podemos, papito, faltan más de cuarenta minutos.

- Ajá, pero Perú juega bien solamente cinco.

El partido avanzaba y Perú jugaba mejor que bien. Incluso Prieto y “la Mecha”. No pasó mucho para que Perú empatara. Fue ese morenito Gálvez, apodado “la Matraca”. Esta vez, mi abuelo y yo lo festejamos a gritos. Mi abuela despertó por la bulla, nos miró saltando y gritando y volvió a dormirse. Mi abuelo me cargó tan alto que casi golpea mi cabeza contra el techo.

- Te dije que les ganábamos. –me dijo con una alegría que nunca había visto en él.

- Pero va a dos a dos, papito.

- No seas pesimista, carajo. Ahorita les volteamos el partido. Si ganamos te llevo a los juegos mecánicos.

- ¿De veras, papito? –dije entusiasmado-. ¿Y te vas a subir a los juegos conmigo?

- Me subo, Lalo. Aunque me saque la mierda, me subo.

Mi abuelo estaba emocionadísimo. Se volvió a poner la bincha. Sin embargo, la alegría no duró mucho, pues “Cañita” Luján cometió una falta dentro del área. ¡Qué mala suerte! Cuando parecía que Perú podía ganar, Brasil patearía un penal. Mi abuelo ya no me llevaría a los juegos mecánicos y Perú perdería otra vez. Mi abuelo molesto y yo triste.

- Técnico de mierda. Debieron hacer la trampa del “off-side” y ese “Cañita” que le pega a todo, también.

- Padre nuestro, que estás en los cielos... –empecé a decir, arrodillándome en el suelo y cerrando los ojos.

- ¿Qué estás haciendo?

- Rezando, papito. A lo mejor así Dios se acuerda de nosotros y hace que “el Pulpo” se tape el penal.

- No seas cojudo, pues Lalo. Si Dios se acordara del Perú, ya habríamos clasificado al Mundial hace tiempo.

- Pero nada perdemos intentando. Diosito te prometo que ya no me voy a portar mal, que voy a hacer todas mis tareas...

- Ya cállate, Lalo, que ya va a patear.

- ... que voy a hacerles caso a mis abuelos...

- Vamos “Pulpo” no me decepciones.

- ... que no voy a decir malas palabras...

- ¡Se lo tapó! ¡El muy hijo de su madre del “Pulpo” se lo tapó!

Mi abuelo lanzaba groserías al aire, dándole gracias a las estrellas, a Dios y a mis papis en el cielo.

- ¡Qué te dije, papito! ¡Dios se iba a acordar de los peruanos si le rezábamos!

- Cállate Lalo y sigue rezando para que Perú gane.

- ¡Ya! Dios... este... te prometo que iré a misa los domingos...

- Faltan tres minutos para que acabe. –dijo mi abuelo con preocupación-. ¡Hey! ¡Falta! ¡Sí! ¡La cobró el árbitro! ¡Acá viene el gol, Lalo! Reza para que “Tucutín” Sánchez meta el gol de tiro libre.

- Papito, ya no se me ocurre nada que prometerle a Dios.

Mi abuelo, que ya se había vuelto a poner su camiseta del Municipal, me miró impaciente. Luego, como si fuera un niño nuevamente, se arrodilló junto a mí.

- Este... Dios... ya pues, inspira a “Tucutín”... te prometo que voy a ser mejor abuelo... mira que si hace gol estamos a un paso del Mundial.

- Dile que vas a ser menos tacaño, papito.

- Carajo, Lalo, estoy hablando con Dios. Este... te prometo que voy a ir a misa y... ¡Hey, carajo! ¡Esa barrera está muy adelante!

- ¡Papito!

- Ya, ya. Te prometo que voy a pagar las cuentas, pues. Incluso a los delincuentes, estafadores y usureros de la luz, hijos de la...

- Papito, ya va a patear “Tucutín”.

- Te prometo que ya no le voy a gritar a la gorda, digo a Cristina.

- ¡Ya pateó! ¡Parece un buen tiro!

- Tengo un terrenito en Huaycán, es tuyo, Dios.

- Palo. –dije lenta y tristemente-. Chocó en el palo, papito.

- ¡Ya pues Dios! Pudiste hacer feliz al Perú. Nadie se lo merece más que los perua...

- ¡Espera, papito! ¡”El Ciempiés” Hernández va a patear el robote! ¡Gol! ¡Gooool, papito!

No pude contenerme y me lancé sobre mi abuelo, que aún no creía que le hubiéramos ganado a Brasil y trataba de ponerse de pie.

- ¡Ganamos! ¡Y acabó el partido! ¡No soy maricón, pero cuando vea al “Ciempiés” lo beso, carajo, lo beso!

Mi abuelo se puso de pie conmigo colgado de su cuello. Gritaba y saltaba como un chiquillo. Yo saltaba con él y hasta lloramos de tanta alegría.

-¿Por qué tanto escándalo, Teódulo? –despertó mi abuela.

Mi abuelo no le dijo nada, se acercó a ella y le dio un beso. Luego seguimos festejando y abrazándonos. Mi abuela, por su cara, creo que no entendía porqué estábamos tan contentos, pero igual se unió a nosotros y empezó a saltar.

- ¿Me vas a llevar a los juego mecánicos, papito?

- ¡Te voy a llevar a Disneylandia!

Y lo abracé más fuerte que nunca. No me llevó a Disneylandia, claro, pero la pasamos muy bien en los juegos de la feria. Mi abuelo se subió a todos conmigo; parecía un niño. Nunca lo ví tan feliz. Incluso cuando Perú perdió los dos siguientes partidos contra Argentina y Uruguay y nos eliminaron del Mundial, el solo hecho de acordarse de aquel partido histórico contra Brasil hacía que mi abuelo fuera feliz nuevamente y recordara esa época tal vez mejor.
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viernes 12 de septiembre de 2008

Mendigando migajas

Nunca, pero nunca, olvidaré la frase del señor que entrevistaron antes del partido Perú - Colombia en junio, cuando nadie apostaba nada por la selección peruana y se esperaba un estadio vacío. Al ser interrogado en la puerta del Monumental por un colega acerca de porqué iba al estadio, si Perú siempre pierde, el señor solo respondió Porque es la selección pe'... y siguió su camino.

Yo hace tiempo perdí la fe en el fútbol. Aún recuerdo mis épocas de niño cuando vivía cada partido de la selección y de la 'U'. Cuando perdía la 'U' renegaba y me metía bajo mi cama a llorar. Cuando ganaba, salía con mi pelota a la calle y en plena pista revivía las jugadas del partido, aunque pocas veces me salían iguales. Me alucinaba como el 'Pelado' Nunes, Baroni, Zubzuck... Recuerdo que a mi abuelo no le gustaba ver los partidos conmigo porque yo gritaba mucho, me emocionaba 'exageradamente' y puteaba el televisor, mientras él veía los partidos sentado en su sillón y tranquilito.

Poco a poco he ido perdiendo esos detalles pero no la pasión. Soy de los que vio el partido Perú - Bolivia de las Eliminatorias pasadas, aunque ya no se jugaba nada y no teníamos opciones. Grité igual cada gol peruano, como si aún pudieran valer de algo.

El fútbol nos ha demostrado que es ingrato, o simplemente justo (o terriblemente injusto). A pesar de que los resultados duelen, la fe no se pierde. Gran prueba de esto son los dos últimos partidos de la selección peruana. Nadie daba ni un quinto, pero igual había gente en el estadio. Como leí en un periódico, la selección es como un mendigo al que le han arrojado una migaja de pan. Y nada puede ser más cierto.
Si bien los últimos resultados animan, solo alguien muy hincha, demasiado optimista, podría jurar que Perú tiene opciones de clasificar al Mundial. De todas formas, eso no quiere decir que alguien no celebre un gol peruano. En cada jugada, cada pase bueno, celebraste, ¿no es cierto? Decías que no, pero en el fondo, esa mechita de optimismo, ese lado rojiblanco que todos los nacidos en el Perú tenemos, se infló de adrenalina y suspiró con cada ocasión de gol desperdiciada, ¿verdad? Eso está bien. Lo raro sería no celebrarlo, no sufrir. Lo mejor es esperar lo peor, así no te decepcionarás, sino que te sorprenderás gratamente.

Yo veía el último partido contra Argentina en un chifa cerca de mi casa con José Luis y Virginia. Con la poca expectativa de todos, pero con la misma esperanza oculta que también todos tenían, pero pocos manifestaban. Mi optimismo fue creciendo (y creyendo) a medida que avanzaba el partido. Poco a poco creí posible un buen resultado. Sin embargo, todo se derrumbó con el gol argentino. Cogí mis cosas y estuve a punto de salir, pero algo me detuvo. A lo mejor ese granito de fe, ese espíritu peruano que ha ido creciendo derrota tras derrota, tal vez fue el conchito de cerveza que aún quedaba en la botella... no lo sé.

Es que Perú no merecía perder, no así. La entrega de Solano, quien a los 34 años corrió como un chiquillo de 20, la garra de Zambrano, el 'ida y vuelta' de Rainer Torres, el esfuerzo de Fano... el pundonor y despliegue de Vargas... justamente cuando pensaba en eso, en todas esas almas en el estadio, el sufrimiento de los guerreros de la cancha (porque sí sufren, ellos son quienes no jugarán un Mundial) empezó la jugada que enloqueció al Perú entero. Messi, supuestamente el mejor jugador del mundo, pierde la pelota y Juan Vargas, el 'Loco', emprendió la carrera hacia el arco, empujado por el apoyo todo aquel que todavía confiaba, aún cuando faltaban veinte segundos para que acabe el partido. Cada paso de Vargas, cada trancazo, la gente inconscientemente se ponía de pie, como si cada centímetro que se levantarán de su asiento impulsara al 'Loco' a correr más rápido, a darle esa bocanada de aliento que necesitaba para llegar a la meta. Yo pude observar todo desde mi pesimismo, pues estoy acostumbrado a que la historia sea adversa, a no sonreír al final de un partido de Perú. Pero Vargas no pensó así.

El 'Loco' no quiso regresar a Italia con la frente baja, no quiso que Solano se retirara de la selección como había anunciado si es que no sacaban un punto contra Argentina, no quiso que la 'garra', el esfuerzo, la esperanza de cada compañero suyo se esfumara, no quiso que el hincha acérrimo peruano se vaya desiluciocionado del estadio. Quiso ver sonreír al Perú. Cuando Vargas llegaba al área me di cuenta que yo también estaba casi de pie, y desde que salió la pelota de los pies del 'Loco' supe que sería gol. Vi al buen 'Cholo' Fano, tan antipático como querido, el que corrió todo el partido y quiso correr hasta el final. Confió en que Vargas llegaría y supo que su obligación era estar ahí para concretar el esfuerzo de todo el pueblo peruano que impulsaba a Vargas hacia el arco.

Y en eso, la euforia. Una sensación casi irreconocible. Ese puntazo final de Fano hizo explotar el hincha peruano que todos llevaban dentro. El chifa en pleno, que se había ido levantando un centímetro por segundo, se salteó el camino restante y se puso de pie en un estallido de coraje e incredulidad. Golpeé la mesa con tal fuerza que se me hinchó la mano (hasta ahora la tengo hinchada), con el grito de revancha, de saber que por fin nosotros hicimos ‘cholitos’ a alguien. Porque sí, éramos ‘nosotros’, el Perú en su conjunto. Éramos todos.

Sé que no iremos al Mundial. Que estamos recogiendo la segunda migaja que nos lanzaron. No obstante, esa migaja sabe a banquete. Para buen pobre no hay mal alimento. Pero la efímera vida (ya tan trastoca en este blog) se regocija con momentos así. A la mitad del partido dije que por como estaba jugando Perú no merecía ni siquiera empatar, tenía que ganar. Cuando aún iba 0 – 0 dije que no celebraría empates. Pero, a quien engaño, casi lloro con el gol de Fano. No lo hice porque había mucha gente en el chifa aquel, pero estuve al borde de las lágrimas. se me salió el chiquillo lleno de ilusiones que alguna vez fui, que lloraba por cada cosa que salía mal. Pero esta vez era porque salían bien. Casi lloro con la carrera de Vargas, con el gol de Fano y casi lloro en estos momentos, mientras escribo este relato.
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El gol de Fano en voz d Daniel Peredo

martes 26 de agosto de 2008

La vida es más fea que yo

Definitivamente la vida no 'quiere' conmigo y yo no concuerdo con la vida. Tal como lo acordaron los mismos cófrades de la última vez, que se volvieron a reunir. Una de las primeras decisiones que tomaron en esa última ocasión fue que querían abandonar el anonimato; total, después de desnudarse emocionalmente entre ellos, qué más daba que el resto de personas se enteraran. Sin embargo, por cuestiones de seguridad cibernética, y a criterio de este humilde blogger, solo serán identificados de manera parcial.

A uno de ellos se le denomina Rey, debido a sus dominios en tierras para algunos desconocidas, para otros inexploradas y para otros olvidadas. El otro es conocido como Feo, por cuestiones obvias. El tercero, es llamado Telo, a manera de abreviación de su apellido, mal pensados.

Otra vez las historias fluyeron. No recaeré en detalles. Aquella ocasión la cita fue en la casa de el 'Feo'. Igual se compartieron historias, esta vez acompañadas de música exacta, seleccionada por ellos mismos, para sentir aún más el desencanto de sus vidas. E igual, no defraudaron.

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Rey mostró su acostumbrada visión de la vida. Razón no le faltaba. Telo trató de darle una sonrisa a la nuevamente trastocada 'vida', aunque siempre acababa con todo diálogo con un sentido 'Ta mare...'. 'Feo', bueno, pues, hacía las de Feo jajaja (mentira, Feo). Los tres planearon viajes, como suelen hacerlo de vez en cuando, y que hasta ahora no realizan. Así, entre dimes y diretes llegó una de las frases célebres de esa jornada. Sucedió cuando el Feo trataba de idear un nombre para su blog. Qué mejor nombre para una situación como aquella y un apodo como aquel, 'La vida es más fea que yo', concluyó Feo. Y es que no puede ser tan fea. Para los que no conocen al cófrade Feo, es realmente feo. Si así es la vida, más fea que él, realmente estamos jodidos (mentira, Feo).
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Si bien concluyeron, junto a Rey y Telo, que tan fea no podía ser, a veces esa frase encaja perfectamente con cada situación que pasa. Y la vida no se pinta de fea por que así lo quiera el afectado, sino el problema sería de cada uno; el problema es que en ocasiones uno trata y trata (y trata), pero la 'vida' no te da la mano que necesitas para levantarte, el empujoncito para llegar, el consuelo que implora tu ánimo. ¿Qué más se puede hacer? Ni idea. Los cófrades, aquel día, luego de casi una caja de 'frescas', tampoco pudieron explicarlo. El intento de reivindicar a la vida ni siquiera fue necesario, pues siempre llegan a la conclusión ya conocida (la vida es pendeja). Y es que esta te exige más de lo que te puede dar.
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Si tienes estabilidad laboral, quieres un ascenso o quieres algo que te llene completamente fuera de lo laboral, como una relación. Si te enamoras, la persona objeto de tu pasión no te corresponde. Si te corresponde, quieres algo más. Si llegas a tener ambos, quieres llevarlo a un siguiente paso (un ascenso en el trabajo, una relación formal). Si te da, te quita para retarte a que lo vuelvas a conseguir. Si obtienes todo lo esperado, si llegas a ser lo más parecido a 'feliz' que se pueda lograr, la vida te pide ser más feliz. Pero ese es el objetivo, ¿no? Sino qué sentido tendría vivir. ¿Para qué solo recibir y no dejar de dar? ¿A qué se podría aspirar si solo se recibe? Por más cruel que parezca la 'vida'... es la única que tenemos.
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Inmortales. Canción parte del setlist de aquella jornada entre cófrades. Se acordó que este vídeo acompañaría el post correspondiente.


lunes 28 de julio de 2008

La vida es pendeja

Desconectado dice:
hablemos de cuan pendexa puede ser la vida
Desconectado dice:
jaja
Eduardo - la vida es pendeja... dice:
es pendejisima wey
Eduardo - la vida es pendeja... dice:
es canallasa...
Desconectado dice:
si weon concuerdo contigo
Desconectado dice:
te da
Desconectado dice:
te quita
Desconectado dice:
te da
Desconectado dice:
te vuelve a quitar
Desconectado dice:
y cuando quiere se desquita
Desconectado dice:
csm

Conversación vía Messenger con Miguel Hernández


Aproximadamente hace un mes, un grupo de cófrades de antaño se reunieron en un viejo y maloliente local de San Miguel (bueno, a veces no es maloliente, igual lo quieren, sino no irían tan seguido). Un lugar ya acostumbrado para este tipo de reuniones. Su misión de aquel día era beber. Pero más que libar con el objetivo principal de por lo menos picarse, el verdadero fin era conversar y compartir desventuras, como suelen hacerlo cada vez que se juntan, no solo ellos sino también otros cófrades, campañeros en las mismas desventuras. Ese día, a falta de iniciativa o ganas por parte del resto de compañeros, solo eran tres. Transcurrieron chistes y anécdotas del pasado que se niegan a ser olvidadas, esas que al comentarlas en voz alta, y siendo objeto de risa, aunque se hayan reído de la misma historia miles de veces, parecen ser inmortalizadas.

Tres almas reunidas en ese oscuro punto de la faz terráquea. Insignificante para el universo, el todo para ellos. Si se contara a los que solo asistieron una vez por casualidades del destino, a los que hicieron su aparición y fueron protagonistas de aquellas veladas aunque sea en una ocasión, serian unos 20, tal vez más, tal vez menos. Luego de inicios tímidos y temas superfluos, acompañados de algunas 'frescas', las historias comenzaron. Primero los chistes, 'zanahorias' y luego 'rojos'. Poco a poco el lugar se va haciendo más estrecho y la intimidad se crea. Las mascaradas desaparecen y el poco recato que les queda, que ha ido disminuyendo con el pasar de los años (un poco quedó en el colegio, otro poco en la universidad, un poco más en esas noches de alcohol e historias, como aquella) también se esfuma. Se abren paso las voces ásperas y retumbantes que hacen a aquellos cófrades el centro del local, el centro de la atención orbital por el periodo que dure la jornada, por esas horas que también se hacen más cortas a medida que avanza la reunión.

Todo este ambiente crea la atmósfera perfecta para desahogo, para narrar aquella historia pendiente por contar, aquel secreto tan esperado por ser revelado, aquella anécdota sórdida o morbosamente graciosa que se niega a permanecer oculta y quiere ver la luz. Carcajadas van, risas vienen, cabezas asentando, otras negando, entre sonrisas y murmullos. Los tres cófrades de aquel día, viejos camaradas, rieron, se lamentaron y maldijeron, pero nunca dejaron decir 'dos mas' y encontrar el momento perfecto para sonreir y para sentir.

Aunque la seguidilla de historias fueron decayendo en animosidad, haciéndose una más melancólica que la venidera, nunca perdieron esa sonrisa. Las colillas de cigarro y los hilos de humo zigzagueando en el ya contaminado ambiente del local adornaban centro de la mesa de estos muchachos, dándole gracia y cierta mística al compartir de historias, a las voces cada vez más chillonas que emitían y a los ojos cada vez más rojos de estos jóvenes (no por el alcohol, no se debe desmerecer al traicionero sueño). Luego de la ardua conversación entre estos tres compañeros, cuando la noche se ponía más oscura y el nivel de botellas vacías (o vaciadas) ascendía, llegó la trágica conclusión de esa jornada: la vida es pendeja.

Y es que es pendejísima, aunque ninguno de los tres lo hubiera notado antes, o no lo haya querido notar. Ese día, estos tres frentes aguerridos, acalorados por el subir del nivel etílico, así lo decidieron. Tal vez en forma de excusa a sus tristes relatos de aquella noche -casi mañana- de tragos y secretos. Es tan pendeja, que cuando uno de ellos, con un optimismo desbordado ante la verdad inevitable, quiso reivindicar a la tan dura y maldecida 'vida', no encontró argumentos y sucumbió al clamor general de la mesa: nuevamente, la vida es pendeja.

Muchas desventuras e historias en otras ocasiones innarrables fueron tocadas ese día por aquellos cofrades. Historias de amor, odio, desilusión, pequeñas batallas ganadas y muchas guerras olvidadas. Luego de haber cumplido la meta de aquella noche, con bolsillos más ligeros y billeteras más delgadas, se pusieron de pie para seguir dándole la cara en alto a la tan trastocada 'vida', con la promesa de colocar aquella conclusión en sus respectivos nicks del messenger, en señal de respeto y cometido a seguir, para recordarse a sí mismo a que se deben enfrentar, y con el serio deseo de hacer la diferencia, o por lo menos comenzar a hacerla.

Hace unos días se volverían a reunir. Esos mismos tres, más algunos cófrades ausentes en aquella ocasión, pero presentes en muchas otras. Todos agrupados con la misión de convertir una noche sin sobresaltos en algo especial. Tal vez por el entusiasmo inconciente que cada una de estas reuniones genera, uno de los cófrades decidió escribir acerca de esas tertulias, sobre ese grupo reunido para el cambio y sobre esas historias esperando por ser contadas para hacer de su realidad aburrida, en una única, digna de ser vivida. Salud, cófrades, y dos más.

jueves 10 de julio de 2008

Carta

Mare wey, qué nos pasa? qué me pasa? Jaja, no te aburriré con mis problemas... Webón, qué se siente tener 22? jaja ya te acostumbraste? Jode al principio, si o no?? jaja He decidido escribirte una carta, solo porque sí, porque fue tu cumpleaños y hasta ahora no hemos hecho nada, wey, y no he de escribirla como suelo escribir en esta bitácora, sino como siempre hablamos, en persona o en el msn, sin respetar sintaxis ni coherencia, con lisuras y risas.

Manson, sorry haber estado con cara de poto el lunes en tu cumple jajaja. La foto con Casillas me descuadró, y los bajones anímicos...bueno, a esos ya nos acostumbramos, no? De todas formas, la película del Panda que vimos en manchester fue genial jajaja, me cagué de risa, así que vale.

Desde nuestras competencias épicas con la gente por saber cual era el mero mero q podía soportar más trago, Ta mare weón, recuerdo tus últimos 3 ó 4 cumpleaños y siempre acabamos mal jajajajajajajaja vale decir q tú ganaste, pero fuimos dignos rivales (bueno, fui; rudy y miguel se me cayeron), hasta aquellas en la q la comida nos distraía de nuestro verdadero fin etílico y terminábamos, a nuestro pesar, dejando trago (aunque siempre nos lo terminábamos en otra ocasión). Esas chupetas en tu jato son alucinantes, es como entrar a la guerra: por lo menos sabes que saldrás herido. Recuerdas, luego de pelotear, esa 'cajita', con Ringo, Jhon, Willy, Miguel... jajaja Willy ps.... Cuando Cachi rompió tu cama :P cuando hicimos un trencito reggetonero, cuando jhon rompió la botella por querer abrirla con otra botella, cuando decíamos brindis tras brindis, cada uno más incoherente q el otro, pero aún así lo sentíamos como si aquel brindis fuera la frase más razonable del planeta, cuando bailé el Chupachichi e instauramos el globalmente conocido Paso del lustrabotas, cuando bailamos trance, todos en filita frente al espejo jajajaja, cuando hicimos la fonomímica de Mar de Copas con Miguel jaja...

Es q ese Miguel también es otro demente.. Recuerdas los famosos tres mosqueteros de Letras?, los autodenominábamos Tres Chiflados, posteriormente tres chanchitos (obviamente Miguel era el chachito de la jato de 'paja') carajo, con ustedes he tenido grandes chupetas, no solo en tu cubil, sino al frente, en cualquiera de los huecos habituales... jaja antes íbamos en cualquier momento, solo porque se nos antojaba... recuerdas? íbamos cuando yo era flaco, tu eras pulucón, juan de dios era lampiño y miguel.. bueno, miguel sigue igual, creo.

En fin, man, gracias por ser un gran pata. cuando ando bajoneado me animas, cuando te digo 'una chela' no sueles decir no (cosa q yo hago a cada rato), cuando, muy machos ambos, comentamos las incidencias de American Idol sin que nos importe el que dirán jaja, cuando te mensajeo o timbro por cualkier webada y no estás siempre me respondes o devuelves la llamada, cuando digo alguna mariconada no me juzgas (porque sabes q es por chongo y porque ¿con qué cara lo harías?, si tu hablas el cuádruple de mariconadas que yo, jajajaja), cuando necesito plata me prestas, aunq siempre trato de no pedirte, solo en ocasiones en las q escapa de mis manos, recuerdas esas 10 lucas q me prestaste hace años??? jajaja como tú dices, esas serán las únicas 10 lucas q nunca olvidarás q me prestaste jajaja, lo peor es q aún te las debo.

Mare man, tu tienes información de mi vida con la que podrías chantajéarme lo que queda de ella ja!, pero si las sabes es por algo. Nos hemos metido las conversadas de nuestras vidas... En ti confío mucho más que en mí mismo, si alguna vez camino por una cuerda floja, te pondría a ti abajo porque sé que si caigo tratarías de atraparme y luego me putearías por haberme subido a una cuerda floja... :P

Sé que un post anterior puse que la gente no es verdaderamente feliz... mantengo esa postura, sin embargo, tú eres lo más cercano que conozco a alguien feliz. y me alegro wey, tú te lo mereces.

Desde esta tierra innoble y fría que representa mi
cuarto, bajo mi nube negra habitual y un hilo de humo, te mando un abrazo, man. Todos necesitan un abrazo así lo neguemos... y te doy las gracias, José Luis, Josefina, JoséLu, Josefa, Puki, Pukisín, Pelo, Conejo, como te quieran llamar, porque eres una gran persona (compleja como cualquier otra), y un gran amigo. Más que eso, José Luis, eres mi hermano, carajo.

Atte.

Eduardo

Pd.- No he tomado. Bueno fuera.


Con esta foto salgo del anonimato físico que la blogosfera me permite, pero la situación lo amerita. Además, los tres gatos que leen mi blog me conocen. En Huaraz con mi estimado José Luis.

miércoles 25 de junio de 2008

¿Se siente mal?

No sé porqué, pero últimamente todo el mundo me pregunta si me siento mal. Bueno, no exactamente eso... sino los derivados que esta pregunta pueda tener (¿estás bien?, ¿te sientes bien?, ¿qué te pasa?, ¿te pasa algo malo?) No sé por qué solo de verme me hacen esa pregunta ¿Es mi cara? Porque ahí sí estamos fritos, es la única que tengo. ¿Acaso fue haber creado este blog, donde despacho temas de desamor, odio, depresión, etc., etc., etc.? ¿Es porque una de cada cinco frases que digo, termino soltando un "Ta mare..." al aire, miro el vacío y muevo la cabeza? Ja!
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Lo peor es que la gente parece estar contagiándose. Nunca había visto tanta gente triste o deprimida. ¿Qué está pasando? Una de mis hipótesis es que esto se debe al clima. Es lo más lógico. El frío, la lluvia, los amaneceres tardíos, las tardes grises y las noches sin estrellas, se prestan para que las personas recuerden sus problemas.
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Justamente el otro día le comentaba a José Luis y a Door, que me sentía como en aquel mítico capítulo de Chavo del Ocho donde toda la vecindad le pregunta a Don Ramón si se sentía mal... Debo decir que recién desde que me empezaron a preguntar si me sentía mal (o cualquiera de sus preguntas derivadas) en verdad me he comenzado a sentir así... Es más, cuando me preguntan eso, hasta escucho la cancioncita que escucha Don Ramón cuando le hacen esa pregunta.
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Como dijo el gran profeta Alejo, yo no me deprimo, ni odio a nadie, yo me cago de risa. ¡Qué gran frase, por Dios! Viviré bajo esa premisa de hoy en adelante. Pero antes haré mi descargo.
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Estimados cófrades y lectores asiduos, que son pocos pero ahí me leen: estoy bien. Es más, por si no han podido observar el título de esta humilde bitácora, estoy Mejor que bien. Otra sería la cosa si me preguntaran cómo me siento... esa sería una pregunta con la que podría explayarme y dar explicaciones de mi cara o carácter o la razón por la que me hayan preguntado lo que me preguntaron.
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Ahora, tampoco quiero decir que el "estar bien" es el estado ideal. Se puede "estar bien" en muchos momentos, pero eso no quiere decir estar tranquilo, estar feliz, estar contento... Simplemente estás, y punto. Es suficiente. Lo que me recuerda ( y esto lo saben los que me conocen muy bien) la respuesta que doy hace unos siete años cuando me hacen otra pregunta también frecuente, ¿eres feliz?
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Usualmente me contengo y reprimo las ganas de decirle al formulador de la interrogante No, desgraciado, no lo soy y jamás lo seré, y aquellas personas que dicen ser completamente felices están mal, siempre algo falta, así crean "estar bien", siempre pueden estar mejor, entonces no viven en la felicidad plena, no son felices, creen que lo son... mare... Sin embargo, no lo digo, pues crearía reacciones y debates en los que no estaría interesado en participar, y solo atino a responder la única respuesta coherente, la única que me da algo de ánimo a seguir adelante y combatir mi miseria: No, pero "estoy bien".

He aquí el legendario Chavo y el capítulo donde la vecindad se une contra Don ramón
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viernes 20 de junio de 2008

Terminator dosis 2

Ya, ya. En vista que andan diciendo que paro triste, que el video que colgué en el post anterior era demasiado deprimente o sufrido, acá el final de la película antes mencionada, The Wedding singer. Esa canción en algo reivindica lo expuesto anteriormente. ¿Por qué aparece Billy Idol en todo el asunto? Vean la película.
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jueves 5 de junio de 2008

Terminator dosis

Cuando se cree que todo va bien es porque el caos se acerca. En tan solo una semana he acompañado a dos compañeros de desventuras en sus respectivos problemas amorosos... y eso que apenas estamos jueves.

Todo el mundo ha pasado por eso. ¿A quién no lo han dejado? A veces es tu culpa, otras no... sin embargo, igual duele o jode o, por lo menos, molesta, ¿no? He conocido gente a la que han dejado por internet, por teléfono, por carta, obviamente en persona... en una fiesta, en un parque, en un restaurante, una vez en un estadio. Se de testimonios de personas a las que han terminado mientras bailaban, cenaban, durante clases... incluso un cófrade, que no revelaré su nombre, me contó que en una ocasión lo habían choteado mientras manejaba. Para los preocupados, tranquilos, no chocó; pero supe que vendió su carro.

Las frases también están ahí. La conocida y ya clásica No eres tú, soy yo. Cuando te digan eso, eres tú, créeme. O sino la frase previa, la que te indica que algo anda mal y que muy probablemente te dejarán pero no te lo dicen directamente, Tenemos que hablar o tengo que hablar contigo. En cualquiera de sus variantes, no entiendo muy bien el sentido de esta frase... solo los demasiado optimistas podrían esperar algo bueno después que te se les dice esto. Aunque, pensándolo mejor me sentiría mal si no me terminaran diciéndome antes el Tenemos que hablar...

También existen otras frases, menos marketeadas, no tan usadas, menos cliché, pero igual de hirientes... No sabes comprenderme, No te merezco, La culpa es mía, etc... Mentira, el problema siempre serás tú y la culpa es tuya. Cuando te digan que tú eres el problema, siéntete contento, es porque existe la posibilidad de que no seas tú.

Otras frases son menos acertadas, igual de hirientes, y mucho más honestas. Conozco a quienes los han dejado por ser altos o por ser bajos, por no saber bailar o por bailar descaradamente, por fumar. Por andar en shorts en invierno, por cambiar de look sin consultarlo antes, por no quitarse la gorra jamás, porque, a la susodicha, no le gustaban los pies de su susodicho. Por ser hincha del Boys, por considerar que el no tener mascota representaba un vacío en su vida, por salir mal en fotos, por usar anillos, por ser lampiño... En fin, nimiedades para algunos, detalles mayores para otros. Lo peor es que los poseedores de estos gustos particulares se lo hicieron saber a sus ex parejas, de otro modo yo no las sabría.

He visto juntarse a muchos de mis amigos y también he visto como les han roto el corazón a otros. Algunos aún recuerdan, otros lo superaron con hidalguía, a otros ni les fue ni les vino o hacen como si nunca hubiera pasado, han continuado con sus vidas y ahora tienen nuevas relaciones. Cuando veo a tantas parejas por la calle, no puedo evitar pensar en que todo eso, todo ese ritual que se sigue cuando se tiene novia o novio, insufrible de observar para algunos, luce demasiado sencillo. ¿En verdad es así de fácil? Debo ser yo el problema.

Somebody kill me please, parte de la película The wedding singer. Una historia de vida para muchos, un himno para cualquier desilusionado del amor. Letra traducida más abajo.



Tú no sabes cuanto te necesito.
Cuando estás cerca de mi no me siento triste.
Y cuando nos besamos, sé que me necesitas también.
No puedo creer que he encontrado un amor tan puro y verdadero.
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Pero todo fue pura mierda.

Todo fue un maldito chiste.

Y cuando pienso en ti, Linda
espero que estés jodidamente ahogada.
--
Espero que estés feliz con lo que me has hecho.
Me echo en la cama todo el día sintiendo melancolía.

Me dejaste aquí todo sólo,
lágrimas corren constantemente.
--
Oh, alguien máteme
por favor
alguien máteme, por favor
Estoy
de rodillas, por favor, por favor
Mátame, quiero morir

Pon una bala en mi cabeza...!

sábado 24 de mayo de 2008

La noche más linda del mundo

Hace unas semanas me visitó Eliana. Íbamos a almorzar para luego tomarnos unas chelas con José Luis. Antes, yo debía terminar mi tarea de Periodismo especializado. Mientras tanto, esperando tal vez una iluminación divina que me ayudara a avanzar con la tarea, propuse un setlist de las canciones más movidas que tenía en mi PC. Las más bailadas, las más toneras (por lo menos así las veía, y veo, yo). Fue entonces que Eliana me juzgó. No porque la música fuera vulgar, o escandalosamente grosera, o ruidosa, o fea, sino porque, como ella misma me dijo, era deprimente. Ni yo lo sabía. Sin embargo, después de considerarlo un poco supe que tenía razón.

La música que escucho es efectivamente triste y deprimente. Escuché con mayor detenimiento las letras y eran tristes, de desamor, de desengaño, de tipos que sufren, que no lograron sus cometidos, desde conquistar al amor de sus vidas hasta vivir en la mediocridad por una decisión mal tomada. Deméritos por aquí, irreflexiones por allá. Mi fiel cancionero de Ares, que me ha acompañado en arduas jornadas de estudio (y también de hueveo), está lleno del tipo de canciones que siempre me han gustado pero que a la vez siempre odié.

No porque así lo creyera concientemente. Las canciones las escucho, las disfruto, nunca las profundizo. Salvo alguna que de verdad me toque por algún motivo en especial. Puedo escuchar una canción solo porque me recuerda a algo o a alguien en especial y, sin embargo, no porque tenga algún otro significado escondido. Que me guste la letra de alguna de ellas no significa que la sienta. Tampoco quiere decir que no sea capaz de sentirla.

En esos momentos de reflexión, con una rayita vertical tintineante sobre la página en blanco de mi tarea en el monitor, decidí cambiar de rumbo musical. Entonces coloqué una de las pocas salsas que tengo en mi computadora. La noche más linda, era el título... No sé si fue la melancolía ya impregnada por las canciones anteriores, pero la letra era mucho peor que el setlist previo. Cuando estaba empezando a preocuparme, Eliana también reaccionó por lo que me sentí menos mal. Entonces soltó una pregunta que respondió a otras que ni siquiera sabía me había preguntado (si es que eso tiene algún sentido).

La pregunta fue ¿Cuál ha sido la noche más linda de tu vida, Eduardo? Así, con esa voz tan dulce y cruel a la vez, con la que siempre me habla. Abrí la boca no sé con qué intención, porque no tenía ni idea de qué iba a responder. Ni siquiera recuerdo si respondí algo... varios momentos de mi vida pasaron por mi cabeza, sin embargo, ninguno especialmente emotivo. Eso me llevó a otra pregunta, que no sé si la mencioné en voz alta a Eliana, (suelo decir cosas sin pensar y decir las que no debo en voz alta) ¿He tenido algún momento lindo en mi vida? Recordé varios momentos, la mayoría tristes y aburridos, otros alegres, divertidos, hasta uno que otro feliz, pero ¿lindo?

Seguramente aún no llega. O ya llegó y ni cuenta me di. Eso es lo más probable. Y cuando llegue, ¿será de noche? ¿lo notaré? Que idiotez pensarlo siquiera. En esas cosas no se piensan. Ese tipo de cuestiones simplemente llegan y las vives.

Esta es una recopilación de algunas canciones que formaron parte de ese setlist. Son pocas pero son las que, luego de pensarlo, disfruto cada vez q puedo y significaron algo para mí en alguna etapa de mi vida. Sé que alguno estará pensando a mi que chucha tus canciones. Bueno, entonces para que chucha leíste hasta acá. Si tienes tiempo, escucha alguna de ellas y mira los vídeos más abajo.

Why does it always rain on me? de Travis: En esta canción me refugiaba en todas las combis cuando estaba de moda (por primera vez) la cumbia hace como seis años atrás. Solo por eso su lugar privilegiado. Porque me recuerda al cole, al ICPNA, a mi primer amor platónico.

Everybody's got to learn sometime de Beck: Porque es la única que acepto me deprime. Aún la escucho cuando camino de la universidad a mi casa. Es ese tipo de canciones que hace que te imagines partes de tu vida y te compenetres más con ellas solo porque vienen acompañadas de un fondo musical. Es ese tipo de canción que escuchas en tu habitación, solo y creyendo que nada más puede salir mal.

No me imagino de Mar de Copas: No sé porqué, pero siempre la escucho cuando regreso de tomar. No lo puedo explicar... es como una cábala. A lo mejor la escucho porque inconcientemente la comprendo y porque en algún efecto del alcohol, que tampoco puedo explicar, la siento.

Don't make me a target de Spoon: No puedo decir que es triste, pero sus acordes me deprimen. Me recuerda a un momento, hace poco, donde extrañé desde tan lejos, pero también desde muy cerca.

Contigo de Sabina: Es tal vez la única canción que siento y sé que la estoy sintiendo. Entiendo su letra y la identifico, la acoplo a mi vida. Su letra me conmueve y me recuerda épocas tal vez mejores. Es la última que canté en Elo's a todo pulmón.

Dare you to move de Swichfoot: La escuché por primera vez por el 2005. Fue la última canción que escuché cuando bajé del micro un día del 2006 para ir a la casa de un amigo para después ir a una fiesta. Tarareé esa canción del paradero a la casa de mi amigo. La canté mentalmente mientras esperábamos a su amiga y a su amigo. Siguió en mi mente cuando conocí a su amiga. Luego que bailé mucho con ella ese día, seguí tarareando esta canción camino a mi casa... Es la canción que tarareo en estos momentos, mientras sigo pensando en ella.


jueves 15 de mayo de 2008

Cambios

Hoy puedo decir oficialmente que por fin acabé parciales. Lo vengo diciendo desde la semana pasada cuando celebré el final de estos, aunque aún no hubieran terminado del todo. Ese día bailé el Chupachichi del Grupo Felicidad y no me arrepiento. Dije que había acabado parciales el miércoles pasado, luego que había acabado el lunes, pero ayer por fin los acabé realmente. Obviamente celebré cada una de esas fechas, pero siempre con la mentalidad en los que faltaban, así los considerara fáciles. Así que una vez que la presión ha desaparecido, puedo aprovechar en hacer lo que los parciales no me permitieron.
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Lo primero, y que ya hice, fue tomar un lonchecito con mi amiga Claudita, a quien no veía hacía meses. Muy formal ella, con falda, saco y tacos, pues trabaja en un estudio de abogados; yo, que justo había escogido ese día para vestirme lo más huachafo que pude, casaca, pantalón de bolsillos anchos, gorra negra, pelucón y mal afeitado. A pesar de los cambios en ambos, buenos en un caso (ella), pocos y miserables en el otro (yo), conversamos como si nos hubiéramos visto todos los días durante los últimos seis meses. Recordamos las buenas épocas, cuando vagábamos incansablemente y éramos despreocupados, tiempos que ahora sé fueron mejores y no supe aprovechar.
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Otra cosa que he estado haciendo es jugar Winning en cada oportunidad que tengo. Lamentablemente sufro del mismo mal que la selección del Perú: pateó 35 veces al arco y no hago un solo gol. También he jugado taco y he ido al cine. Es decir, me he reencontrado con antiguos hábitos que creí ya había olvidado (o superado). También he vuelto a jugar póker y billar por Internet.
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Algo más que tengo pendiente, y tal vez lo más importante de la agenda, es comprarle un regalo a mi mamá por el día de la madre. Sí, algo atrasado, pero lo haré. Felizmente es comprensiva y entiende mi dejadez. Como le dije al cófrade Miguel, en vista que no existe una tienda de mejores hijos, la búsqueda del regalo adecuado no será fácil. Encontrar algo bonito es la meta de hoy. Como es usual últimamente tendré que salir muy temprano porque nuestra querida y opaca Lima está más bloqueda que nunca, así que demoraré horas en llegar a cualquier lado al que me disponga a ir. El caos reina. Aparte de que todo está roto, encima nos cierran las calles principales, como si nos pudiéramos dar ese lujo. Ayer para regresar de casa de José Luis, luego de tomarnos un poco de vodka, el pobre taxista tuvo que hacer todo tipo de maniobras para llegar a mi casa y tomar rutas mucho más largas que las habituales, por lo que sentí que lo estaba estafando cuando le pagué. Como dijo Miguel, mal Luchito, mal... Este es un tema que me irrita así que lo dejaré de lado...
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Ah, sí! El vodkita con en casa de José Luis se debió a que oficialmente había acabado parciales y había que celebrarlo. Además me habían devuelto el parcial de Periodismo especializado con resultado satisfactorio, a pesar que yo creí que saldría mal. Mi estimado profe Sender de Especializado cree que soy chancón y creí que luego del examen se desengañaría. Como estuvimos comentando con Door, el parcial sería el momento de despegar o hundirse. Puedo decir, menos mal, que al parecer me mantengo en esa alta estima. Ya nos habíamos empujado un vodka en la tarde con Eliana y Claudia (mi otra amiga Claudia, conozco varias Claudias, muy lindas todas, claro U_U) y ese fue el motivo por el cual nos empilamos para la noche.
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Luego de comprar el regalo de mi madre, veré algunos guantes... Luego del último partido de Cumplidores F.C. mis guantes, históricos ellos, se destrozaron en mil pedacitos. Esa será otra meta del fin de semana largo, elaborar jugadas para que Cumplidores F.C. deje de cumplir solamente y dé la sorpresa en la cancha.
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Mientras me decido a salir o no y qué ruta tomaré para llegar a mi destino, me quedaré frente a la computadora a jugar mi juego favorito: quedarme sentadito, callado y sin molestar a nadie.
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Pd.- Claudia: Salud porque mujer es mujer y porque todos son iguales.
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La canción que me motivará estos días Here it goes again de Ok Go. Si todo me sale bien, prometo hacer la corefografía del video.

sábado 3 de mayo de 2008

Parciales!!

Me pudro en los parciales!! Hoy escribiré no con el hígado sino desde el hígado. Me llega si tengo fallas en la redacción, tildes, coherencia, etc, me da igual!! Hoy dejé de ir a comer chifa con mis tíos porque debo estudiar y hacer tareas. Y ojala fueran varios cursos, solo hay uno que me atormenta. Seminario. No puedo llevar ese curso. Lo jalaré, y lo peor es que nadie me cree cuando les digo que lo jalaré. Es que este tipo de curso no está diseñados para mí.
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Mi problema es que el profesor de Seminario es demasiado buena gente. Algunos dirán que esto es buena suerte, me pudro en este tipo de buena suerte!!! Es mala suerte. Debo una tarea hace un mes porque simplemente no me entra la maldita lectura, la he intentado leer unas diez veces, y cada vez que creo que ya fue, que tendré mi muy buen merecido cero, el profesor me dice bueno eduardo, ya a la siguiente clase me la presentas. Demonios profe, porque es tan bueno!!! Lo peor es que si no la hago sentiré que lo decepciono. He faltado a demasiadas clases porque me daba verguenza (roche) verle la cara al profesor. Cuando finalmente me propuse hacerla, hice todo lo que tenía que hacer de los demás cursos, mi muy buen ponderado profesor deja otra tarea. Maldita sea mi suerte!! Dos lucas más que leer... ok ok lo intentaré... saqué mis copias, me peleé con la chica que saca las fotocopias porque era demasiado lenta, y con la hojas aún calientitas, me encuentro con una amiga con un cerro de libros. Como todo un caballero le cargo sus libros, la acompaño a tomar su carro, le devuelvo sus libros. Me dirijo a mi casa a leer mis copias nuevecitas y a buscar las antiguas, y siento que algo me falta. Demonios!!! Mis copias estaban en el libro de mi amiga!! Como volver a sacar otro juego de copias, si ahora la tipa de la fotocopiadora me odia!! Estaba demasiado deprimido como para empezar.
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Dos días después mi amiga me da mis copias pero, maldita sea, ya debo hacer mi trabajo parcial de Seminario. Ni siquiera tengo tema de investigación!! Debo leer miles de libros, bueno debo buscarlos primero, elaborar hipótesis, preguntas, estados de la cuestión... No tengo idea de cómo hacer todo eso!! no debí haber faltado a tantas clases!! Ahora debo leer unas 4 lucas, además de los libros que encuentre, hacer mapas conceptuales, etc etc... Tampoco se cómo demonios será el examen de Periodismo especializado... el Liverpool perdió... Cumplidores F.C. perdió... Si no fuera porque la U ganó el clásico, estaría demasiado decaído siquiera para empezar a estudiar y hacer los trabajos parciales... además Alianza acaba de perder (de nuevo) contra Bolo, así que he decidido que la vida no puede ser tan mala como parece.
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Hablando de clásicos, un clásico de Radiohead, que además describe la rutina en la que vivo en estos momentos. Salud!

martes 22 de abril de 2008

Love will come through

La semana pasada fui puteado. Me putearon como nunca me habían puteado. Fui puteado vía Messenger en letras cursivas fucsias y en mayúsculas para que quede en claro que estaba siendo puteado a gritos. Se me puteó con emoticones, caritas tristes, molestas, algunas furiosas, y con una ortografía perfecta, tildes, comas, puntos, etc. Me puteó una chica de 19 años y un 1.60 de estatura.

Se llama Andrea (digo su nombre pues ella ha dicho el mío en su Hi5). La conocí en una conferencia de prensa de un político de lentes, cachetón y fanático de canal 11. Ella estaba sentada en la penúltima fila con su libretita de apuntes. La había visto desde que entró. Chiquita, flaquita, sonriente. Pituquísima ella. Yo estaba parado al fondo. Cuando salió el político cachetón, todos los periodistas fueron hacia delante, excepto ella y yo. Me senté a tres sillas de ella, quien ya había comenzado a hacer apuntes en su libretita rosada. Luego de escuchar la aburridísima charla del cachetón por casi 20 minutos me atreví a hablarle. De qué medio eres?, pregunté. Me miró unos diez segundos con los ojos bien abiertos, como analizándome, y luego me dijo en ninguno, no soy periodista. Ah, disculpa, respondí, y hundí tanto la mirada en el piso que casi podía ver los zapatos de la persona que estaba sentada atrás mío. Pero después ella siguió hablando. Me dijo algo como que su mamá estaba entre los invitados o algo así. Como se mostró amable y me gustó su voz, le pregunté algo más, no recuerdo qué. Y así hablamos buen rato, mucho rato, en el que solo nos detuvimos para que yo pudiera enviar mi despacho a la radio.

Terminó la conferencia y tenía que ir a otra comisión. Andrea y yo conversamos un rato más. Yo con la mirada perdida en su rostro, admirándola. Debía irme y no tenía nada. Solo su nombre. No apellido ni Messenger ni correo ni teléfono. Casi resignado inicié la ceremonia de despedida. Nos dimos un beso en la mejilla, la miré por última vez, nos sonreímos y di media vuelta para emprender la partida. Y en eso escucho Eduardo! Qué bonito sonaba mi nombre con su voz. Oye, no tengo ni tu fono, a ver dámelo. Se lo di. Y para anotarlo se puso sus lentes, unos de carey parecidos a los míos pero en morados. Entonces la adoré. Tengo una debilidad para las mujeres que usan anteojos. No sé porqué me lo pidió, quizá era el primer periodista que conocía y creyó que algún día mi teléfono le sería útil. Salí del lugar flotando, pisando caca de perro y oliendo el humo de los carros sin que me importara. Me llamó a los dos días, conversamos poco, solo unos minutos. Le di mi correo, me agregó al Messenger.

Casi un mes después desde la última vez que la vi, y un poco más de dos meses después desde que la conocí, Andrea me puteó. Lo hizo por Messenger y no me dio opción a defenderme. La llamo a su celular y no responde. Le escribí un mail y nada. Yo sé porqué me puteó y me lo merecía.

Andrea, sé que fui malo contigo. Me gustaría decir que no sé el porqué de tus insultos, pero lo sé. También me gustaría decir que no los merecía, pero si los merezco. Merezco cada carita triste o molesta que colocaste en nuestra conversación en el msn.

Me arrepiento de haber sido tan perro. Disfruté cada minuto que estuve con ella. Cuando se reía de mis idioteces y mis chistes estúpidos. Cuando me escuchaba hablar del trabajo y seguramente se aburría. Que estuviera al día de todo lo que pasaba en política y deportes, y que lo discutiera conmigo. Y cuando no estaba informada sobre algún tema, me gustaba como me prestaba atención para enterarse, algo que yo nunca pude hacer cuando la cosa fue al revés. Me encantaba que me mandara sus fotos por el Messenger. También que me corrigiera cuando escribía con faltas ortográficas y me criticara por nunca poner una foto mía en el display. Me encantaba que sea tan inteligente.

La adoraba cuando se ponía los lentes solo porque a mi me gustaba como se veía con ellos. Que siempre oliera a frutas. Que siempre llevara caramelos o chicles o algún dulce en su cartera. Que me haya presentado a su mejor amiga en nuestra segunda salida. Que salga sonriendo en su foto del DNI. Que nunca (hasta ahora) me haya dicho su segundo nombre porque no le gusta, a pesar que hice de todo para que me lo dijera.

Que no me juzgara por como bailo. Que todos los días me preguntara cómo estaba. Que fuera muy madura y seria pero que tuviera cosas de niña que yo adoraba, su cuaderno de Garfield, su lapicero rosado, su llavero de un osito de peluche… Que no se burlara de mi mala suerte, sino que se riera conmigo. Que no le importara que solo saliéramos en las tardes porque en las noches me daba sueño temprano por la chamba. Que haya visto lucha libre conmigo y que le haya gustado. Que leyera mis largos mails. Que me dijera te quiero mucho

Siento haber sido tan malo. Debí haberle dicho por qué la dejé de llamar, por qué no quise verla más. Por qué no respondía sus correos y por qué cuando lo hice le respondí fríamente, sin siquiera darle explicación. Es cierto que no puse de mi parte, Andrea. También es cierto que tengo dificultad para comprometerme. Muy cierto es también que siendo tú más joven eres mucho más madura que yo. Debí haberte dicho, Andrea, que yo también te quería pero, discúlpame, no pude quererte más.

Love will come through de Travis. La canción que le da título a este post y que me recuerda aquella época del verano