martes, 2 de junio de 2009

Confesiones de un salado II

Ya no puede uno ni hundirse en su miseria tranquilo. Cada vez que trato de desestresarme, algo me lo impide. He ahí la demora en la actualización de esta humilde y cada vez menos visitada bitácora. Debo confesar que esta entrada la comencé hace más o menos una semana y media. Cuando todo parecía derrumbarse, al mejor estilo de una canción de Arjona o Juan Gabriel, un pequeña luz tintineó al fondo del abismo. Así que hoy borré todo lo que tenía de la, nuevamente, melancólica entrada que había escrito, y decidí que los cinco, o tal vez seis o siete, gatos que leen mi blog se rían a costa mía (otra vez).

Así que, hablando de confesar otra vez, he aquí la segunda parte de una terapia iniciada hace algún tiempo. Sí, algunas confesiones son medias idiotas, pero ni tarado que fuera para poner cosas en verdad importantes en la traicionera Internet. Varias me ha hecho.

Que a veces soy vanidoso y vuelvo a leer mis propios posts. Que siempre encuentro errores en esos posts, pero no soy lo suficientemente vanidoso, sino más bien ocioso, para corregirlos.

Que le tengo miedo a los perros. Sobre todo cuando me ladran. Que solo a dos perros no les tengo miedo. Sin embargo, más miedo le tengo a los gatos. Nunca parpadean y siempre parecen que planean algo.


Que no me gusta la mantequilla. Pero sí todo lo derivado y preparado con ella.

Que sigo viendo American Idol y ahora sufro más con los resultados. Y aunque digan lo contrario, está bien que haya ganado el chato. Es más, hasta me bajé sus canciones a mi compu.

Que una vez me bajé del carro porque me pareció ver a 'alguien' en la calle. Que me bajé por gusto, porque no era ese 'alguien'.

Que he mentido cuando me he confesado. Que no me confieso hace siete años.

Que me he enamorado de mi computadora. Que he extrañado a alguien que nunca estuvo ahí.

Que tomo café siempre antes de dormir.

Que por lo menos una vez a a semana piso caca en la calle. Que cada vez que eso me pasa voy corriendo a comprarme un Ganagol.

Que me dan miedo los payasos. Aunque mucho más miedo me da la oscuridad.

Que he visto Volver al Futuro (entiénsase I, II y III) más de 20 veces, cada una. Igual que Día de la Independencia, aunque nunca he visto el inicio.

Que casi nunca cuento cuánto me dan de vuelto.

Que tengo una foto con Cachay.

Que odio el verano. Odio morirme de calor todo el día y también detesto la playa.

Que lloré cuando Caradura murió. También cuando murió Krillin (bueno, la primera vez).

Que podía dejar de ir a una clase por jugar póker o pichanga. Que soy saladísimo jugando póker. También pichanga.

Que cuando me golpeo, no grito carajos ni mierdas, sino un agudo 'Ay!'

Que aún grito los goles de Perú. Que una vez aposte en contra de Perú. Que hasta ahora no pago completamente esa deuda.

Que nunca, ni en colegio ni universidad, hice una tarea de matemática.

Que le debo diez soles a José Luis. Que no le pagaré.

Que una vez lloré en un micro. Y en una combi.

Que he llamado por teléfono a 'alguien' y he colgado. Que me han descubierto haciendo eso. Justamente esa 'alguien'.

Que a veces canto solito en mi cuarto. Que a veces he cantado con los ojos cerrados. Pero, peor aún, en ocasiones, he bailado con los ojos cerrados. Miento, solo fue en una ocasión, y fue suficiente.

Que todos los días, solo por el afán de hacerlo, camino unas diez cuadras para regresar a mi casa de la chamba. Hay carro que me llevan, pero no. Prefiero caminar y si llueve mejor.

Que necesito más terapia...


La primera es una canción dedicada a mi amor por computadora. La segunda también, porque es su grupo favorito.